Al ritmo de bombo, platillo y redoblante: La muñeca y Los diablos, con un pie en la Liguilla

Una noche de confirmaciones: La compañía dará lucha por el título

Muy poco público concurrió al Teatro de Verano, pese a que en lo previo había títulos muy atractivos por lo bien que habían funcionado en su anterior pasaje por el Concurso.

 

La compañía

Es una propuesta muy atractiva, en donde se combinan las perfectas interpretaciones de solistas, las creativas coreografías de la dupla Gustavo Pérez y Carla Latorre y las sólidas actuaciones de Roberto Romero (encarnando a un terapeuta que oficia como enganche entre cada cuadro), Verónica Caissiols y Danilo Mazzo, con un libreto de Eduardo Rigaud que incursiona en los diferentes estados de ánimo, con un aditivo interesante: Buscan el humor y lo consiguen cada vez que se lo proponen. También cuentan con un destacado marco musical y, en general, se busca cubrir en forma criteriosa cada rubro. Su meta es pelear por el primer premio y después de lo apreciado, presumimos que van a dar feroz batalla. Esta temporada ganar no va a ser tan sencillo, ya que hay una competencia real. Aún resta otra rueda y la expectativa se alargará, seguramente.

De lo que no nos quedan dudas es de que La compañía ya tiene su lugar asegurado en las definiciones.

 

La gran muñeca

Al igual que a su predecesora, estamos seguros de que ya se ganaron el derecho a participar en la Liguilla, ya que como aconteció en su retorno al Carnaval, logró enganchar a la platea con ese enfoque particular de «La típica de los uruguayos», con remates ingeniosos, una buena dinámica escénica y un coro que respondió a las exigencias de los arreglos de Federico Alberti, más allá de algún ligero matiz en su presentación. Tanto su saludo como la retirada, poseen una singular belleza y contagian por su fuerza y sus cuplés, en general funcionan, cobrando el mayor vuelo con la llegada de sus «ovejas». Es para destacar, además, su hermosísimo maquillaje. Una vez más, José Dorta demuestra su clase, con esa innovación que ha introducido en su especialidad.

 

Los choby’s

Ayer hacíamos referencia a la transformación de un grupo de humoristas y los atribuíamos a diferentes causas, una de ellas el hecho de haber actuado ante un Teatro de Verano lleno, lo opuesto a lo que le había pasado en su pasaje anterior. Los choby’s han tenido la desgracia de brindar su repertorio, ante un reducido grupo de espectadores, en las dos ocasiones que tuvo que concursar y, en esas condiciones, es una tarea complicada poder arrancar las risas y sostenerlas durante una hora. Preferimos no redundar en su Pachella-dependencia o ese culto que practican de constantemente buscar el humor con el recurso de reírse de sí mismos, es parte de su estilo y gracias a él logró conquistar la simpatía de un sector de público. Lamentablemente, para sus intereses, están lejos del nivel de sus anteriores incursiones.

 

Los diablos verdes

Después de un período de transición, la murga consecuente parece haber reencontrado su camino, con ese lenguaje que su hinchada siempre quiso oír, expresando sus verdades, sin tapujos ni medias tintas, con esa dinámica que sabe imprimirle su juvenil director escénico y arreglador coral Marcelo Márquez y solistas de excepción como Carlos Paredes, «Astroboy» Gamarra, Maiko Goudefín, y el «Negro» Lescano, y que encontró en «Muñeco» Artigas Pérez y «Coco» Rivero a dos cupleteros que supieron defender sus comprometidos textos, cargados de abundante crítica. Los míticos Diablos se superaron abiertamente, volviendo a demostrar su fibra y dejando el alma sobre el escenario. El reencuentro será en quince días.

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