Cinismo
Esta muchacha, Rice la morochona, que dicen tuvo un fogoso romance con un diplomático canadiense que, por lo visto, no la calmó-, anda otra vez por ahí ejerciendo el cinismo de modo escasamente sublime.
Sin dejar de pensar en Irán, convertido en el rulemán fundamental del eje del mal, ni en Irak, adonde siguen muriendo soldados norteamericanos en medio de una absurda carnicería generalizada, está ahora preocupada por la «dura prueba» que representa Afganistán. Y quiere que allí sus aliados, y en particular la OTAN, redoblen los bélicos esfuerzos.
¿Qué está haciendo Estados Unidos en Afganistán?
Combatiendo a los talibanes.
¿Acaso son los mismos talibanes que en su momento armó hasta los dientes, gastando miles de millones de dólares, para sacar a los rusos de la región?
Y ahora que lo recuerdo, ¿son los mismos talibanes a los que luego quitó todo apoyo cuando advirtió que no les facilitaban a los norteamericanos los negocios en el Medio Oriente?
Pues sí, lector, claro. Son los mismos talibanes.
Quiero aclararle, por las dudas, que no tengo especial simpatía por estos tipos, unos fundamentalistas rabiosos, más allá de su derecho a la libre determinación, o libre albedrío, si usted prefiere. No obstante, es inaceptable que sean utilizados a la manera de un chicle, o una gomita elástica, o un pegamento de ocasión, cada vez que el viento cambia y un gobierno como el de Estados Unidos, que hasta dentro de un año estará en manos de un demente frecuentemente alcoholizado, a quien rodean personas como esta muchacha Rice, decida que el mundo debe ir en una dirección o en otra por el maldito petróleo.
Ignoro si esto cambiará en caso que ganen los demócratas. Por si las moscas, no me hago demasiadas ilusiones.
Creo que el cinismo se ha incrustado en el país de Washington; quizás no en su sociedad, vasta y heterogénea, pero sí en su centro de poder real, esa tenebrosa corporación compuesta por el Pentágono y los dueños del dinero.
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