El silencioso
Es interesante escribir acerca de la política desde la perspectiva de un mero observador de la realidad, un periodista, un hombre que quizá carga, también podría decirse, con ciertas ignorancias.
En honor de los politólogos en cuyos oráculos de todos modos no creo, ya lo he dicho admitiré que mis apreciaciones siempre serán superficiales, probablemente erradas y, quién sabe, hasta culpables de penosas inadvertencias.
Pero no resisto la tentación de meter baza.
Ahora está la cuestión del candidato a la presidencia por el Frente Amplio para las próximas elecciones, que exhibe curiosidades que invitan a la reflexión. Después de que Tabaré cortó de manera tajante los pujos por la reelección, todos los días se baja alguien del ómnibus de los supuestos aspirantes. El último, por ahora, ha sido Nin Novoa, con ese discurso moral que, no obstante su sinceridad, deja el portón entreabierto. Antes, Mujica, verbalizando con picardía apetecible su intrincado pensamiento o entreverando en expresiones paradójicas o contradictorias sus claras ideas, vaya uno a saber había dejado a todos con la impresión de que tampoco quiere correr esa carrera. Asimismo, han hablado otros, quizá menos visibles en el escenario de la izquierda, en sintonía con ese abandonismo que está causando tantos dolores de parto.
No me sorprende. Mi teoría que, como casi siempre, puede estar asentada en falta de información privilegiada es que la verdad emergerá del silencio.
El candidato, y recuerdo, para que se me castigue aún más si me equivoco, que ya lo dije, es aquel que está callado. El silencioso. El que sigue trabajando en lo suyo, consciente de que, si tiene éxito, caerán los últimos obstáculos que le quieren poner por delante.
El candidato es Astori. Y no tengo dudas de que el MPP al menos gran parte de ese movimiento lo apoyará.
¿Compañero de fórmula? Ah, no. Es demasiado para mí. Qué sé yo. ¿El Chiquito Otegui? Que arriesgue Bottinelli.
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