Tronar de Tambores y Sociedad Anónima se adueñaron de los titulares
El frío intenso y el viento no amainaron el deseo de ver y disfrutar el Carnaval de los muchísimos adeptos que se congregaron en el «Ramón Collazo».
La Yapa
Un mundo virtual es el que nos propuso este título debutante, que arrancó con mucha fuerza, aunque luego se fue desdibujando con el transcurso de los minutos, debido a algunos pasajes endebles de su libreto. Daniel «Tachi» García y Gustavo Sica asumieron los roles principales, cumpliendo su tarea con solvencia, con un coro que, en líneas generales, cantó en buena forma. Con un mayor ensamble está en condiciones de superarse en la segunda rueda.
Tronar de Tambores
Edelweis Loyatte, Lilián Rodríguez y Ximena Jaloviec dieron vida a tres brujas que pretendieron terminar con las comparsas pero, allí estaba el interminable y siempre vigente Julio Sosa «Kanela», dispuesto a impedirlo junto a toda su gente. Desde el primer instante, uno intuye la presencia del talentoso Alberto «Coco» Rivero, al apreciar la brillante puesta en escena, con un aprovechamiento ideal de los espacios, incluso utilizando varios lugares diferentes para el coro, ya que permanentemente estaba participando en el movimiento escénico, al igual que la cuerda de tambores, redondeando una ejecución perfecta. También hubo un rendimiento soberbio de los solistas y vale la pena mencionarlos: Sergio Pérez, Martín Yarzábal, Charo Martínez, Lilián Rodríguez, Florencia Alanís, Luis Conti, interpretando los temas concebidos por Gustavo Balta. Las figuras típicas, vestuario, maquillaje y cuerpo de baile también se fueron adicionando para plasmar el espectáculo excepcional que nos ofrecieron.
Sociedad Anónima
«La búsqueda del malo de la película» es la excusa para hacernos gozar de 60 minutos del más fino humorismo, sin quedar exenta esa preocupación para adentrarse en temas de profundo contenido social, tal como siempre nos tienen acostumbrados. La respuesta del público fue la esperada, más allá de reconocer que con el paso de los años estos maragatos se han transformado en uno de los conjuntos predilectos de la platea del Teatro de Verano y lo demuestran en esa complicidad permanente que se establece, especialmente cuando aparecen esos «gauchos patones» que han sabido conquistar el corazón de la mayoría.
Cada uno de los rubros fueron cuidados como corresponde y las carcajadas se transformaron en un eco que se prolongaba. Así se iba disipando esa interrogante que se había planteado tras la deserción de Cléber «Pato» Esteche, su figura de los últimos años, como antes se habían ido otros auténticos monstruos como Diego Montes de Oca o Manuel Galanes, pero allí estaban Carlos Barcelo, Martín Prado, Mauricio Suárez. Pablo García, Santiago Sanguinetti, entre otros dispuestos a izar sus tradicionales banderas y mantener a su Sociedad Anónima como uno de los referentes de la categoría.
Colombina Che
Un libreto muy inspirado de Eduardo Rigaud nos introdujo en «la espejomanía», jugando con un montón de situaciones ingeniosas, con momentos muy efectivos como ese personaje interpretado por Carlitos Prado, con una evocación al «Colchón», aunque en esta ocasión transformado en «El Goyo» y sus vivencias carcelarias o «las pitucas de Carrasco» haciendo sus reivindicaciones, aunque el momento culminante fue con la aparición del «probador», plasmado magistralmente por Javier «Pastero» Perera, que seguramente figurará entre los mejores cuplés de la temporada. La musicalidad también fue muy distinta a la que solía ofrecernos, al igual que su forma de canto. Una Colombina muy diferente, que estableció un quiebre con cuanto había hecho hasta el presente pero, tan o más disfrutable que las anteriores.
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