EL MEDIO MUNDO
La leyenda sigue viva. Lo habían mandando destruir los indignos militares y sus colaboracionistas de turno en una Intendencia derechista que es mejor olvidar. La tradición resucita y parece que fue ayer cuando Lágrima Ríos, Rosa Luna y los Silva andaban por su gran patio.
Las piletas de las lavanderas rodeadas con las macetas de malvones que cuidaban entre todos. Tablas de lavar de madera y grandotes cepillos con las negras laburando y sus motas atadas con pañoletas de colores. Mirándolas muy serios estaban los negros viejos, sentados en banquitos armando lentamente sus tabacos y la hojilla. Por los largos inviernos, todos encerrados en sus piezas calentadas con un braserito y luego temprano a la cama con un tibio ladrillo para calentarte los pies. Por las navidades el Medio Mundo se alborotaba y el 6 de Enero, dale que te dale al palo y tamboril para saludar a San Baltasar. También había muchos negros devotos de San Benito y nunca dejaban de ir hasta la cercana iglesia de los capuchinos a prenderle una velita. Pero en el Carnaval de antaño, el convento era una ola gigantesca de ritmo que cubría todo el Sur y Palermo. En su entrada ensayaban varias comparsas y de noche las fogatas resplandecían en el ritual de templar las lonjas. De repente, el candombe era un estruendo que sonaba a borocotó chás chás y hacía vibrar las agrietadas paredes. De las piezas del frente salieron Isabelino Gradín y los Andrade que llevaron el conventillo en su corazón aun en los estadios de París, Amsterdam y Colombes que se asombraron de un fútbol endiablado y picarón. El repique juega y serpentea por todas las piezas, trepa por la famosa escalera hasta hacer mover a las cortinitas de coquetonas puntillas. En el mohoso muro del fondo estaba, como aferrada a un gran amor, el clavel del aire y florecía un hermoso jazmín del país. Por días muy lejanos cuentan que Los Esclavos de Nyanza que salían del barrio Reus al Sur se acercaban al Medio Mundo para tocarle casi en la esquina pero nunca en su puerta porque de ahí salían otras comparsas. «Cuestión de respeto» fue la letra de un lindazo milongón que cantaron Los Pobres Negros Orientales que aunque salían de la Unión recordaban esa época antigua de los Nyanzas y el Medio Mundo. Mas cercano en el tiempo es el recuerdo de Morenada, comparsa nacida de los sacrificios, sueños y del meter pechera de varios vecinos de ese convento. Algunos huéspedes ocasionales de sus piezas como el talentoso Páez Vilaró contribuyeron y mucho para la larga vida de esa mítica Morenada. EL conventillo fue como una gran familia con gente muy unida apechugando los prejucios y la injusticia de muchos cajetillas que sólo se acercaban al barrio Palermo en tiempo de elecciones para mentir y buscar votos. En sus piezas chiquitas sabían que el secreto del sobrevivir estaba en la fraternidad y festejaban juntos cumpleaños y casamientos. Ahora en un nuevo siglo, la leyenda renace en ese Edificio Nuevo Mundo que es presentado en pleno Carnaval y tiene en el alma un corazón lindazo y de mi flor. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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