Repetición
Anda todo el mundo inquieto, especialmente las autoridades de la enseñanza, porque los índices de repetición de escolares, nada menos que en el primer grado, lejos de descender, han aumentado.
No soy especialista en educación No tengo respuestas a las que haya que prestarle demasiada atención. En todo caso, como humilde aporte sobre algo que es cierto- he abordado otras veces, insistiré con reflexiones, algunas que, en realidad, pertenecen a otros.
Cuando lo que se incorpora más se fija en la personalidad, condicionándola, es al inicio del ciclo escolar. Pero como diría Sábato- el ser humano aprende en la medida que participa del descubrimiento y de la invención. Y aquí brotan dos grandes preguntas: ¿los programas del primer año son adecuados a esa idea?; ¿la forma pedagógica contribuye al objetivo buscado? Ya en el primer año hay que recordar a Rousseau: «Muchos se atienen a lo que los hombres deben saber, sin considerar lo que los discípulos están en condiciones de aprender».
Creo que la historia de la enseñanza ha demostrado que, a veces, los programas son un marco muy estrecho y duro y que es necesario apasionar al niño con la aventura del hombre en la historia: «Desde el invento de la rueda Sábato dixit- hasta la filosofía, desde los primeros signos inventados por los seres humanos para comunicarse hasta las más sutiles creaciones de la música». Eso, una aventura, exige de maestros en palabras de Pedro Henríquez Urueña- «que corrijan levemente a sus alumnos, que alienten sus intuiciones y que respondan siempre pero también pregunten».
Un ejemplo, echando mano de la gramática: el mismo Henríquez Urueña la enseñaba mediante buenos ejemplos literarios, no a través de rígidas normas. Junto a esto, sería bueno recordar que Ortega recomendaba «estrangular el énfasis» y que D’Ors elogió a Alfonso Reyes por «haber retorcido el cuello a la exuberancia».
En fin, como dije, humildes aportes a una compleja cuestión.
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