Historia de ida y vuelta
Enrique Cuadrado Gambardela se acercó temprano al Hospital Saint Bois a expresar su solidaridad con los médicos cubanos que allí estaban. Hace casi un año se operó en Cuba y guarda gratos recuerdos de su estadía en el país caribeño.
Mucho dinero
Cuadrado relató a LA REPUBLICA que antes de operarse de cataratas estuvo dos años deprimido y en la cama, porque un médico le había dicho que si no se operaba iba a quedar ciego. La solución a su problema tenía un costo de 1.800 dólares.
Su peregrinar continuo por varios médicos oftalmólogos lo convenció de que todos le querían cobrar un dinero que él no tenía. «Hasta que no llegaron los cubanos, yo estaba seguro que me iba a quedar ciego», afirmó. Salieron de Montevideo un martes de marzo de 2007, y a las 8 de la mañana llegaron a La Habana y fueron hasta la Villa Tarará. Al otro día volvieron a la capital de Cuba, para unos últimos análisis y al siguiente lo operaron junto a 40 personas de diferentes países . «Había guatemaltecos, paraguayos, panameños, bolivianos, argentinos y muchos centroamericanos», explicó. «La operación duró 15 minutos, todavía me acuerdo de una luz brillante», rememoró Cuadrado. «Me vendaron e incluso se me corrió la venda y entonces pude ver una rama que se movía. No lo podía creer, estaba viendo otra vez», recordó. Sus recuerdos sobre los cubanos son muy gratos e insiste en que los trataron muy bien, eran «muy dulces y humanos». Mediante un convenio entre Uruguay y Cuba, se operaron cerca de 2.000 uruguayos en la nación caribeña. La «Operación Milagro» cuenta con 100 establecimientos en varios países del mundo y más de un millón de personas han recuperado la visión.
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