Murga de pibes
El viento del sur trae los cantos de la muchachada. Empezó el carnaval y, como escribió el bohemio poeta, «dios momo se ha puesto a soñar». Entre máscaras sueltas, serpentinas y las congas de los Lecuona, el álbum de los recuerdos se abre al compás del tambor. Las grandes parrillas con bombitas de colores cuelgan sobre todo 18 formando figuras alegóricas.
Cuando el reloj del London-París daba las 9, toda la avenida con miles de vecinos en banquitos, sillas de mimbre y trepados a los árboles para no perder detalle. En los bailes del Solís había luminarias como Pérez Prado, el Rey Mambo, y los tangueros Enrique Rodríguez, Canaro y la morocha argentina Tita Merello. Era costumbre del Municipio que cuando había un circo se lo invitaba a que desfilara. Así fue que por aquellos años entre los cabezudos aparecieron elefantes, saltarines acróbatas y magos deslumbrantes pertenecientes a los circos Checoslovaco y de Berlín.
Los vehículos alegóricos que se fabricaban en unos galpones atrás de la Plaza de la Unión eran de gran tamaño y tenían nombres como «La suegra de Neptuno». El inicio del Carnaval era la fecha que elegían muchas empresas grabadoras para lanzar sus populares discos de pasta con temas vinculados a esa festividad del pueblo. Por 1953 se unieron el poeta Federico Silva y los músicos Donato Racciatti y Carmelo «Lito» Imperio para componer el éxito fabuloso titulado «Murga de Pibes». Era un tema hermosísimo que recogía la tradición barrial de muchos botijas de tener su murguita para actuar en el esquinero tablado mientras esperaban la llegada de los conjuntos. Esos chiquilines murgueros utilizaban trajes viejos de sus padres, se ponían barbas con algodón pedido al boticario y el bombo y los platillos eran de latón. Ese tema «Murga de Pibes» fue estrenado por la revista musical de Carmelo Imperio llamada «Festival de Máscaras» y en el disco de pasta tenía la voz del querido Carlitos Roldán, acompañado por el Tano Racciatti. En la esquina de Constituyente y Yaro estaba el gran baile llamado «Club de Artistas». Tenían una espectacular pista al aire libre que al igual que sus salones estaban decorados con mascarones representativos de Momo y su delirante séquito. Otro baile que también arrancaba al terminar el desfile fue el organizado por el Club «Kraft-Imesa» en la avenida Agraciada. Los caballeros de antifaz y las damas con coquetas mascaritas bailaban al ritmo de afamadas orquestas montevideanas como la de Rubén Chilindrón llamado «el D’Arienzo uruguayo». En ese local también tocaba en Carnaval el gran Santiago Luz con su mágico clarinete. La numerosa colectividad española también le daba la bienvenida al Carnaval y se reunían en el Club Sevilla. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
Coordinación: ANGEL LUIS GRENE
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