18 de Julio lució sus mejores galas. Los carros alegóricos le devolvieron el brillo de otrora.

El pueblo carnavalero le rindió tributo a Dios Momo

Un arranque espectacular tuvo el desfile inaugural, gracias al denodado esfuerzo de un grupo de artesanos que nos ofrendó unos carros alegóricos como hacía muchísimos años no veíamos, retrotrayéndonos en el tiempo y evocando recuerdos que yacían en algún rincón de nuestra memoria.

El Marqués de las Cabriolas abrió la marcha, encarnado por Roberto Capablanca, emulando a aquellos que supieron hacer época como Noey De Vich o el «Flaco» Lametz, nombres que forman parte de la leyenda del reinado de Momo.

Momolandia con su alegría, Zíngaros con su particular elegancia y poder de comunicación, Agarrate Catalina con sus impactantes maquillajes de ancianos, Carambola con su deslumbrante vestuario fueron los abanderados en la marcha de los conjuntos participantes.

Las imágenes se iban sucediendo, cual postales que quedarán grabadas para seguir disfrutándolas íntimamente.

Fue el reencuentro con viejos rostros conocidos, con amistades que se renuevan en cada febrero, ese abrazo postergado durante tantos meses, el reconocimiento a quienes nos han brindado tantos momentos inolvidables.

Mañana, con otra óptica, ya haremos la evaluación sobre lo vivido. Hoy, simplemente, quisimos abrir nuestro corazón y volcar en esta página lo que sentimos, porque esto es el Carnaval, una fiesta que después que te atrapa, hace imposible que alguien pueda alejarse de ella.

Así empezamos a vivirla, en otra noche que ya forma parte del pasado. Gracias Momo, por permitirnos compartirla un año más.

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