A un descubrimiento de la importancia del que tuvo el del antecesor del carpincho -publicado en la revista británica Proceedings of the Royal Society esta semana- se lo bautiza con un nombre científico que incluye el lugar (kiyucense hubiera sido adecuado) donde se encontró, el nombre de quien hizo el descubrimiento (Viera en este caso) y el del científico que hace el primer estudio (Alvaro Mones).
Es difícil cuestionar el nombre del prócer oriental que se eligió para este caso (Josephoartigasia monesi, que sí recoge el del investigador Mones), pero no es el que correspondía en este caso.
Quizá cuando la pieza sea presentada en sociedad (se anunció que en febrero), se reconozca el papel que jugó Sergio Viera.
Destacar cuando se hacen las cosas bien es una manera de estimular que la gente tenga responsabilidad respecto a nuestro patrimonio histórico.
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