Antepasado gigante del carpincho. El descubridor del fósil que ha causado impacto en el mundo dialogó con LA REPUBLICA

Una vida en busca de raíces profundas

En aquella ocasión, con paciencia empezó a despejar los bordes y confirmó que era hueso, de muchos años, «raro» y bastante grande. La parte superior del cráneo de un animal asomaba con más claridad. Entonces comenzó a subir el agua. Rápidamente marcó el lugar para poder volver y estableció una referencia en tierra para encontrarlo.

 

Caballo que no fue

«Pelusa», su compañera, lavaba la ropa en el río. Por aquellos años eran frecuentes los cortes de agua en Kiyú, que duraban varios días. Estaban en una zona donde vivió muchos años «El Brasilero», un pescador artesanal, personaje característico del lugar.

Al otro día pudo terminar de sacar el bloque donde estaba la pieza. Podía ser sólo otra cabeza de caballo. «Yo creía que no, que era de algún animal antiguo. Pero estaba muy entero. Había recolectado muchas cosas antes. Como esto nada», cuenta Viera satisfecho.

El rancho de Sergio, que se asoma, desde el borde de la barranca, a uno de los paisajes más hermosos que uno se pueda imaginar, es fresco, pero cálido para la extensa charla.

 

Pasado y futuro

Sergio fue locutor de «la 41″ cuando muy joven, pintor -dicen que con extraordinarias condiciones- y repartidor de diarios cuando se fue a Buenos Aires a buscar su vida. Nunca perdió sus raíces y por eso, en cuanto pudo, compró ese rancho en Kiyú. Vienen siempre que les resulta posible.

Actualmente se desempeña como gerente del Fogaba (fondo de garantías vinculado al Banco Provincia) en una tarea de promoción de las Pymes que le apasiona. Lentamente avanza en sus estudios de Derecho que comenzó tardíamente. Cuando se jubile, quizá retome la pintura.

Desde siempre ha tenido un interés especial por nuestro pasado. Para eso, su amistad con otra maragata radicada en Buenos Aires ha sido importante. Delia Etchegoimberry es profesora de Historia, historiadora y escritora.

De cuna y naturaleza humilde, Sergio Viera es una fuente inagotable de anécdotas de sus andanzas por las costas del Río. Después de un rato deja entrever al estudioso, al intelectual valioso, al hombre comprometido.

 

Un largo viaje

El bloque pesaba unos diez quilos. Viera lo llevó a su casa y lo limpió con cuidado. Tenía buenas relaciones con especialistas de los museos de Buenos Aires y La Plata, por lo que ante la posibilidad de un hallazgo que podía ser importante consultó de inmediato. Recibió las primeras instrucciones para trasladar la pieza sin riesgos para que la vieran. Los científicos argentinos suponían que podía ser una cabeza de caballo. Hasta que la vieron. Fue un impacto inmediato. Era un animal del que sólo había vestigios, pocos y muy chicos. La cabeza, aunque no tiene la mandíbula, está en tan buen estado que permite estudios muy profundos acerca del animal, parecido al carpincho pero mucho más grande, que vivió por acá hace unos 4 millones de años. Sergio Viera había hecho uno de los descubrimientos más importantes en la paleontología uruguaya.

Del otro lado del charco, los científicos estaban muy interesados en estudiar la pieza. Viera hizo, bajo su supervisión, todo lo necesario para conservarla y decidió que pertenecía a nuestro acervo nacional.

Entonces lo pusieron en contacto con el profesor Alvaro Mones y se trajo la pieza para Kiyú. Mones vino a San José a buscarla y se la llevó, para estudiarla, con otras 4 o 5 de menos importancia que Viera le dio. Durante algunos años mantuvieron contacto. Después el profesor se fue para Alemania, el museo se quedó sin lugar para funcionar y estuvo cerrado casi 10 años. En 2007 se retomó el estudio de la pieza y recientemente una revista inglesa dio cuenta del importante hallazgo.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje