Ilustrativos murales en el Teatro decoran y resaltan las reformas
Desde hace un tiempo el Teatro de Verano viene adquiriendo un nuevo «look». Primero aparecieron los cambios edilicios, posteriormente les sucedieron los detalles que se encargan de resaltarlos. Detalles que, sin ser menos, no pasan desapercibidos por quienes visiten el teatro.
Arte de Momo
Este maravilloso templo de Momo, fuente de grandes obras artísticas y con una notable historia festiva y popular, merecía estos cambios, que no hacen más que hacer honor al aporte cultural que nos otorga.
Quizás una de las particularidades más relevantes de este nuevo look es la forma en que se presenta: como una gran obra de arte. También se destaca el mensaje poético y metafórico con que se plantearon los detalles arriba mencionados.
El colorido y la prolijidad hacen del teatro un ambiente propicio para el desarrollo artístico y el disfrute de los espectáculos. Dentro de los grandes «detalles» nos encontramos con verdaderas obras de arte. Se trata de amplios murales creativos, a través de los cuales se puede comprender fácilmente, en lenguaje ilustrado, una llamativa imagen conceptual del carnaval y todo lo que él representa. Dichos murales están realizados sobre los tres muros que, ubicados frente al escenario, al terminar la platea baja, la delimitan. Estos tres muros se pueden ver como uno solo, dividido en tres grandes alas de 1,75 metros de altura.
Cado uno de los murales pretende desarrollar un tema, los cuales se ven unificados por la ciudad como nexo. En el panel central, donde ahora se sitúa al jurado durante el concurso, se puede visualizar la silueta urbana y en el centro el logo de la Intendencia de Montevideo.
Si ubicados en el escenario, de frente a la platea, miramos hacia las alas de la derecha y la izquierda, podemos notar historias narradas a través de dibujos que son, quizás, recuerdos de nuestra mayor fiesta popular, absorbidos silenciosamente por estos muros.
Sonrisa de Arlequín
En el panel de la izquierda nos topamos con un Arlequín, figura emblemática del carnaval con poderes mágicos, que con una amplia sonrisa está espantando el mal tiempo como si éste fuera un gran telón.
En ese mismo mural se ve la luna creciente brillando sobre las aguas calmas de nuestra ciudad. Tamborileros, vedettes, murguistas, directores y grandes figuras del carnaval vienen danzando en sus clásicas posturas por un costado del mural, traídos quizás por la figura del Arlequín que está en primer plano.
Ubicado a la derecha está el tercer panel, que tiene 21,35 metros de largo. Sobre él, anteponiéndose a los ojos de quien aprecia el mural, aparecen dos inmensas caras alegres, niños que a través de su inocencia y picardía transmiten el espíritu de felicidad y contagian al espectador. En una plaza se ven varios niños dispersos, jugando entre árboles.
También se visualizan dos grupos de jóvenes: por un lado un grupo que está ensayando en su murga, y por el otro, otro hace fuego para templar sus tamboriles. Según la IMM: «La idea fue plasmar en estos muros, imágenes cotidianas embellecidas, cercanas a esa manifestación de la cultura que nos congrega cada febrero en torno a un dios irreverente, como lo es Momo».
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