Escrito por: Tercera época Por Antonio Pippo
En tiempos de las religiones mesopotámicas, en Babilonia, se llamaba mántica al conjunto de prácticas mediante las cuales se trataba de adivinar el porvenir.
Según una de ellas, al manipular ritualmente un objeto metálico y una piedra semipreciosa de un color conveniente que correspondía a un planeta determinado el individuo podía considerarse protegido por un dios. A partir de ahí sus problemas comenzaban a diluirse.
¿Tiempo arcaico o presente? El contribuyente, enfrentado al Estado torpe y abusivo que hoy lo maltrata y asfixia, ¿a qué otra cosa que una mántica contemporánea podría apelar para que cualquier trámite, por sencillo que sea, no le induzca al suicidio?
Con espíritu constructivo, el gobierno sigue dando pasos hacia una reforma de ese Estado, con la intención de que, antes del fin de nuestros días, esté al servicio del ciudadano para facilitarle la vida, y no al revés.
No será sencillo. A mi juicio es una cuestión cultural, que requiere de paciencia, y no política o constitucional.
Lo diré de otro modo: crear alcaldías es una buena idea, pero no lo esencial; reformar la Constitución para reducir el poder de las intendencias en beneficio de gobiernos locales es otra buena idea, pero tampoco lo esencial. Quizás, aunque nos duela, el mejor ejemplo para demostrarlo sea la experiencia de descentralización que ha desarrollado la Intendencia de Montevideo.
La cuestión crucial es que el contribuyente viva donde viva- recorra la menor distancia, hable con poca gente, no pierda tiempo innecesariamente y logre la más rápida respuesta a su gestión, cualquiera que fuese.
Si con la proyectada reforma del Estado ese contribuyente resuelve tamaño intríngulis habrá logrado, dicho figuradamente, “la protección de un dios”. Creo que se va en la dirección correcta; no estoy tan seguro de que se haya advertido que el palo en la rueda, la traba histórica, es cultural.
Si tengo razón, esto llevará más tiempo del previsto.
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