La ausencia de un hombre muy querido
Muy apreciado por todos, falleció el pasado 27 de diciembre de un paro cardiorrespiratorio. Miembro de la realeza europea llegó a Punta del Este cuando tenía nueve años, en 1951, y se convirtió en uno de sus símbolos y en un gran embajador de nuestro principal balneario.
Rodrigo D’Arenberg fue un hombre vital que irradiaba vida y creció junto a Punta del Este hasta convertirse en un referente de la sociedad.
Deportista por excelencia, era amante de la velocidad y el tenis, deporte que practicaba muy bien; le gustaba la aventura y son miles las anécdotas que trajo desde Africa donde con sus amigos iba a cazar leones. Con fama de play boy, este príncipe y también gran empresario conocido por toda la realeza europea -era íntimo amigo de Carolina y Alberto de Mónaco-, en el año 1988 entregó su corazón a la modelo italiana Patricia Della Giovampaola que se convirtió en su compañera inseparable.
Era hombre de familia estrechamente ligado a su madre Marie Thérese -fallecida hace casi dos años- y su hermana la archiduquesa Laetitia. Sus fiestas del mes de febrero eran de las más esperadas por la calidad, calidez y fundamentalmente por sus invitados famosos como Mariel Hemingway o Graciela Borges, entre los muchos personajes del mundo que acudieron a sus recepciones.
Este señor con todas las letras, dueño de buenos sentimientos y metido en el corazón de la gente, se constituye en una ausencia que Punta del Este sentirá por siempre. Lo vamos a extrañar, Don Rodrigo.
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