Escrito por: Por Antonio Pippo
Una noticia del mundo científico ha sacudido la modorra. ¿Habrá abierto también una esperanza? Ojalá, no lo sé.
La cuestión es que según la neurología moderna que será tal hasta la semana que viene o dentro de quince días- ya se sabría cómo el cerebro humano distingue visualmente lo que está en el fondo (o al fondo).
El ejemplo difundido apela a los dibujos de Escher, cuyas líneas puede parecer que forman parte de cualquiera de dos formas diferentes. ¿Vemos pájaros negros volando contra un cielo blanco, o pájaros blancos que emergen de un cielo negro? ¿Cómo decide su interpretación el cerebro, cuando la información proporcionada es intrínsecamente ambigua?
Un estudio de investigadores de la Universidad John Hopkins habría demostrado que esa distinción opera por un mecanismo que actúa en una región de la corteza visual, al que se ha denominado V2.
Ahora bien, yo aludí, en tono de duda, a una esperanza.
Es que si el Congreso del Frente Amplio lograse distinguir lo que está en el fondo, dicho figuradamente, aumentaría sus posibilidades de elegir un presidente de la Mesa Política sin más despiporres. De eso se trata: de distinguir el verdadero fondo de la cosa, esfuerzo de madurez que tal vez no sea posible sin primero distinguir lo que hay alrededor. Así que si el V2 es verosímil y se logra estimularlo, la realidad puede cambiar para bien.
La macana es que hay otros científicos que discrepan. Son aquellos que dicen que si mucho de lo existente en nuestro campo de visión, incluidas personas, refleja preferentemente el rojo, el aparato visual calculador del individuo “se deja engañar” y termina viendo lo que no es. Este fenómeno ilusorio, llamado “contraste de simultaneidad”, se basa en erróneas deducciones del mecanismo perceptivo provocadas por condiciones infrecuentes y no previstas en su programación natural.
Digo yo, ¿será que hay demasiado rojo desparramado en el Congreso impidiendo ver lo que está en el fondo?
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