En la búsqueda de nuestra identidad
El arqueólogo José López Maxx trabaja en distintas partes del territorio nacional. En el marco de esa tarea, hace más de 20 años que investiga la cultura de los «cerritos», promontorios que se levantan hasta siete metros, principalmente en el este del Uruguay.
Largo recorrido
–¿Cuáles son las claves de esta investigación?
–Desde hace muchos años estamos trabajando sobre las tierras bajas, en la Laguna Negra y la costa atlántica. Las tareas se enmarcan en un proyecto que cuenta con el apoyo de la Universidad Autónoma de Barcelona. En tanto, con un Consejo de Investigaciones Científicas de Santiago de Compostela, se trabaja en la cuenca del Yaguarí, excavando cerritos.
Desde la Comisión Nacional del Patrimonio estamos empujando para que los cerritos sean declarados monumentos históricos nacionales. Para trabajar en ellos, conseguimos el respaldo de los propietarios de los terrenos, que han entendido sin ningún problema que en sus campos les ha tocado tener una maravilla de la prehistoria.
–¿Qué permite conocer esa cultura?
–Conocer experiencias originales de sociedades que vivieron de nuestro ambiente. Tan poco le importan al Uruguay las tierras bajas inundables que construyó ese mito del país ondulado, que en realidad es, como decía el historiador Real De Azúa, una invención de la psicología uruguaya. Pero si uno mira, se da cuenta de que las tierras bajas, en todo el planeta, fueron escenarios donde se produjeron experiencias económicas revolucionarias, como las neolíticas. Al anclar los cementerios anclaron su historia con un territorio, construyeron su identidad.
Nos da mucha lástima que estén haciendo el estudio de la regulación hídrica de los canales de los bañados y se olviden de que hay miles y miles de cerritos que son patrimonio cultural. Las grandes obras que se hacen en los países civilizados priorizan el rescate cultural; aquí gambetean. Abaratan costos a costillas del pasado prehispánico; parecemos la Malinche.
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