Todo Estado con armas nucleares en terrorista
NAGOYA, Dic. (IPS) Vivimos en una época en la cual la información confusa y deliberadamente distorsionada amenaza con reemplazar al conocimiento. Por ejemplo, políticos, periodistas e incluso izquierdistas y pacifistas hablan sobre la Defensa contra Misiles Balísticos (DMB) que Estados Unidos quiere emplazar en Polonia y República Checa como si realmente se tratara de un dispositivo de defensa. Pero no lo es. El pretexto para instalar este sistema, al que Rusia se opone pues se siente amenazada, es la posibilidad de ataques con misiles por parte de Irán.
La verdadera razón para la instalación de la DMB es el deseo perverso de Estados Unidos de estar en condiciones de hacer y ganar una guerra nuclear. Tal como está formulada en la Teoría del Uso Nuclear (TUN) adoptada por Washington, la DMB constituye una ruptura fundamental con la lógica de la disuasión nuclear, o la Destrucción Mutuamente Asegurada (DMA), que el mundo ha vivido desde 1945.
Indudablemente provocativa, la filosofía de la DMA y de la TUN es la siguiente:
Imaginen dos potencias nucleares, A y B, enfrentadas entre ellas. Cada una tiene su arsenal de armas nucleares distribuido en silos en tierra, en aviones y en submarinos, la llamada «tríada». Supongan que A lanza un primer golpe nuclear. Como no puede estar seguro de destruir todas las armas nucleares de B aunque haya usado muchas de las suyas toma el riesgo calculado de que B sea capaz de responder con un ataque que podría matar a millones de ciudadanos de A y destruir sus centros de comando. El supuesto psicopolítico y filosófico que daba sustento a la DMA es éste: A será disuadido de comenzar una guerra nuclear porque indudablemente provocará una represalia por parte de B y en consecuencia sufrirá bajas masivas. En efecto, el lanzamiento de incluso una sola arma nuclear equivaldría a un suicidio.
Aquí se deben hacer tres importantes observaciones:
En primer lugar, la DMA fue construida sobre una serie de supuestos acerca de la psicología humana, la existencia y las capacidades técnicas que son altamente discutibles y cuya validez podría ser comprobada solamente en el caso de una guerra nuclear.
En segundo lugar, la DMA equivale a una forma de terror en el más claro sentido de la palabra ya que toma a personas inocentes como rehenes y las mata.
En tercer lugar, después del 11 de setiembre de 2001, nadie usa la palabra terror para referirse a las armas nucleares pese al hecho de que ellas hacen empequeñecer las amenazas, supuestas o reales, del actual «terrorismo».
Cada Estado que tenga armas nucleares es, por definición, un estado terrorista. Si hubiera una verdadera guerra contra el terror, la abolición de las armas nucleares sería la prioridad. La DMB representa una ruptura fundamental con la disuasión porque tiene como objetivo prevenir que B tome represalias contra el pueblo y el territorio de A. Si A tiene la capacidad tanto para destruir a B como para desbaratar su represalia, A puede suponer que puede desencadenar y ganar una guerra nuclear sin ningún daño para él mismo, lo que baja notoriamente el umbral de la disuasión.
Asimismo, A puede incluso verse estimulado para lanzar un primer golpe y destruir preventivamente a la otra parte porque el costo para sí mismo aparece menor que bajo los supuestos de la DMA. La DMB también podría probablemente estimular una nueva carrera armamentista. B y otras potencias nucleares secundarias tratarían de aumentar sus arsenales nucleares para asegurarse de que por lo menos algunas podrían atravesar el escudo defensivo de A en sus esfuerzos por responder al primer ataque de A.
A, en este escenario hipotético, es, por supuesto, Estados Unidos, único país en la historia que cuenta con una teoría como TUN, que desarrolla la tecnología para ella y que formula una doctrina oficial sobre el uso de armas nucleares incluso contra países no-nucleares. Si Estados Unidos alguna vez pone en práctica su política terrorista, el resultado sería peor que lo que millares de Bin Laden podrían infligir. Se trataría de megaterrorismo. Numerosos ciudadanos y gobiernos están protestando por la DMB, con Rusia, Polonia y la República Checa en particular. Groenlandia es parte del plan, pero los groenlandeses no fueron informados de ello. Japón también, pero se trata de un caso diferente pues no es un estado soberano en lo que se refiere a política exterior. Estas protestas públicas se producen a pesar de que la mayoría de los medios de comunicación, a sabiendas o no, apoyan la postura ofensiva y la crueldad del complejo militar-industrial-mediático-académico, que quiere evitar el muy necesario debate crítico sobre la DMB.
El principal problema de la humanidad no es la proliferación nuclear y, por lo tanto, no es Iraq, ni Irán. El verdadero problema es la misma existencia de armas nucleares. Lo que dice realmente el vinculante Tratado de No Proliferación Nuclear es que la proliferación a países no nucleares debe detenerse como contrapartida por la abolición de los arsenales nucleares de las potencias nucleares. Estados Unidos, Rusia, Francia, China, Israel, Pakistán, India y el Reino Unido son el problema y no Irán ni Iraq ni Corea del Norte.
(*) Jan Oberg, director y cofundador de la Transnational Foundation (FTT), con sede en Lund, Suecia, es un investigador en conflictos y temas de la paz.
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