Mediodía desenfrenado. La noche de paz se transformó y adelantó la fiesta; cientos festejaron juntos una nueva Navidad

Mercado del Puerto se inundó de sidra

La sidra y la cerveza circularon a mares en el tradicional Mercado del Puerto, luego del mediodía del 24 de diciembre. Allí se reunieron los compañeros de trabajo y los amigos para brindar empapados, junto a un grupo heterogéneo pero predominantemente juvenil.

 

«…Hay que festejar»

«Estamos festejando la Navidad con los amigos y esto es impresionante. Acabamos de llegar y somos nueve», dijeron a LA REPUBLICA Alejandro, Miguel y Marcelo, tres compañeros recién salidos del trabajo. Vestidos de traje, estaban acompañados por vasos de cerveza y rostros felices.

A las 14.00 horas el sitio ya era intransitable, y las bebidas circulaban sin parar.

Muchas personas intentaban salir, otras entrar y algunos acaparaban todo saltando en grupo, cual manada salvaje.

Más tranquilos había otros «acodados» al mostrador que intentaban charlar o comentaban entre sonrisas el desenfreno evidente a su alrededor. Entre éstos se encontraba un conocido diputado del partido de gobierno, que no quiso que le sacaran fotos.

 

Lluvia de sidra

Los empleados de los boliches iban de un lado a otro sin respiro, mientras grupos de niños y adolescentes recorrían la zona intentando «recoger» alguna cosita «descuidada».

La algarabía mayor estuvo en uno de los accesos y en el patio del mercado. Decenas de jóvenes y adolescentes saltaban, gritaban y revoleaban sus gorritos navideños, rojos y dorados, mientras una lluvia de sidra los bañaba.

En el piso ya se había formado una laguna con olor a manzana ácida, mientras decenas de botellas verdes flotaban aplastadas, víctimas del frenesí. Entre medio, niños no mayores a los diez años intentaban recoger la sidra del suelo. Y otro, mayor de 40, quería hablar por su celular sin que el alcohol lo bañara.

 

Resignación mojada

«Está cool», dijo a LA REPUBLICA una joven de 18 años que, junto a dos amigos, disfrutaba sentada en un boliche. «Es la primera vez que vengo», aseguró Daiana. Ninguno de los tres expresó reparos en mojarse si era necesario.

«El año pasado salí totalmente empapada. Este año no tengo muchas ganas, pero bueno, todo el mundo sale mojado» expresó otra joven. Gonzalo, de 25 años, por su parte, dijo que aunque hacía dos años que no iba igual le gustaba «un montón».

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