"En el escenario yo presto mi corazón y mi cuerpo para estar en comunión"
En Mariana la vocación por la actuación se despertó «medio tarde», mientras que Melisa desde chica recorre El Galpón. A nuestra Sobremesa del Domingo invitamos a dos actrices de distinta generación. En una charla muy interesante, conversamos sobre su vocación por el teatro y cómo fue que cada una llegó a las tablas.
-¿Mariana, cómo empezaste en esto del teatro?
-Mariana Lobo: Nací en Montevideo hace 37 años y empecé a estudiar teatro medio tarde, porque se me vencía el plazo para entrar a la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) por la edad. Siempre tuve miedo de probar hacer teatro, y ese miedo era que me dijeran: «Andate para tu casa que no se puede hacer nada contigo». Es por eso que estuve estudiando de todo, haciendo «turismo universitario», pero pudo más el apuro que el miedo y así fue que un día empecé. Yo sabía de chica que quería ser actriz, pero me tomé mi tiempo y me di cuenta de que si no hacía esto me secaba como una planta.
-Vos, Melisa, sin dudas no te tomaste tu tiempo
-Melisa Artucio: Yo desde chica siempre estuve en El Galpón, por lo que todos los que trabajan ahí me conocen. La primera obra donde actué fue «La gata sobre el tejado de zinc caliente», donde participábamos cinco niños. Cantábamos una parte muy chica, que creo que era el «Que los cumplas feliz».
Luego Marina Rodríguez, directora y autora de «La Embajada», me ofreció actuar en su nueva obra, antes que a todos los demás actores, ya que ni siquiera ella sabía si la íbamos a hacer en El Galpón o en otro teatro. Pero Marina la quería presentar y fue allí donde tuve un papel más protagónico. Entonces, en el verano, me propuso ser la protagonista y empezamos a ensayar mucho antes que el resto del elenco, que tampoco estaba definido.
– ¿Sienten que hay espacio para gente joven?
ML: –Si partís de la base de la cantidad de obras que tenemos en cartel, hay lugar. Pero desconfío del tema ese de los «espacios» para los jóvenes, ya que hay una cantidad abrumadora de espectáculos por habitante, si lo comparás con otras ciudades de otros países. Me parece que es muy relativo el tema de «los espacios». No sé quién le tendría que dar espacio a quién.
Sí me parece que se ha abierto mucho el teatro a propuestas de gente más joven porque se motivaron, se abrió así la brecha, y hacen cosas interesantes. Está bien que eso pase. Estamos muy acostumbrados a decir «Yo tengo 35 años, salí de la EMAD y me tienen que dar trabajo». Creo que debemos reflexionar sobre eso. También creo que se debería mover más dinero en el medio teatral para que se pudieran hacer cosas de mejor manera.
-Melisa, tus padres son actores, ¿pensás que de no ser así vos no podrías haber actuado en una obra como «La Embajada»?
MA: –Creo que no, porque me parece que no es lo más común el ver a una persona de doce años en el teatro. Yo cada vez que voy a ver una obra me doy cuenta de que hay actores mucho más grandes, adultos. Creo que mi oportunidad surgió porque me conocen -como te decía- desde chica. De verdad no hay tantas posibilidades para los niños.
-Melisa, la obra donde actuaste («La Embajada») trata una temática reciente, que es el exilio en la dictadura, y allí te tocó hacer un papel central. ¿Cómo encaraste ese trabajo actoral?
MA: –Creo que mi actuación fue pensado para mostrar esa historia desde el lado de una niña. Si lo hubiera hecho un mayor, aunque hubiera querido mostrar lo mismo, tal vez no lo habría podido expresar como lo expresa una niña.
-¿Te interesan este tipo de obras que tratan temas de actualidad, profundos, que son hasta representaciones históricas, o preferirías seguir adelante con un papel de comedia?
MA: –Es que debería probar hacer un papel de comedia. De todas formas el papel que hice en la obra me gustó.
-¿Mariana, a la hora de elegir un tipo de obra por cuál te volcás?
ML: –(Piensa) Es difícil decir de antemano. Las cuatro obras que hice en mi carrera son todas distintas, y me ha pasado que me llaman para hacer más papeles de comedia, algo que yo en principio no pensaba que era lo que iba a hacer.
-Así como le preguntamos a Melisa si la había ayudado el tener padres actores, el ser la pareja de Jorge Temponi ¿te ha ayudado en tu carrera actoral?
ML: –Alguna ventajita saqué, porque en el proyecto teatral donde estuve hace un tiempo, algo que se me ocurrió a mí, lo usé a él (a temponi), lo puse por adelante y lo ofrecí, porque a mí no me conoce nadie. Definitivamente me favoreció muchísimo.
-¿Pensás que seguís dependiendo de Temponi en tu carrera?
ML: –No.
Vidas
-¿Cómo es la vida de ustedes? Una tiene 37 años y la otra 12.
MA: –Ahora que terminó la obra, mi vida es común y corriente, pero cuando estábamos ensayándola, de lunes a viernes de 19.30 hasta después de las 23.30, me costó muchísimo. Llegaba del liceo como a las 15.30 y quería tener un espacio para mirar la televisión, distraerme, hablar con mis amigos. Yo hacía los deberes, iba a El Galpón, ensayaba y volvía a casa como a las 12 de la noche. Entonces comía algo y al otro día a las 7 me tenía que levantar, y ahí se me complicaba todo.
-¿Y ahora no extrañas esa vida rutinaria?
MA: –Por ahora no.
-¿Cómo es la vida de Mariana Lobo?
ML: –Es un caos. Siempre cansada. Te empezás a relacionar con gente del teatro que de repente es quien más entiende que en fechas importantes no podes estar. Se te puede casar tu mejor amigo y vos tenés que ir a una función. Muchas veces vas a hacer una obra con el cansancio de la vida. Yo tengo mi casa, tengo que limpiar, que cocinar…
-¿Pero lo del teatro lo ves como un trabajo?
ML: –Sí.
-¿Y vos, Melisa, cómo ves esto del teatro?
MA: –Y yo no me tengo que mantener. Para mí es una prueba, o un desafío, no sé. A mí, si me preguntan que me pareció la experiencia, digo que fue algo «copado».
-¿Melisa, no preferiste en aquel momento la «normalidad» de la vida de una niña de 12 años y esperar a ser más grande, como Mariana? Y vos Mariana ¿no hubieras preferido no empezar tan tarde en el teatro y ser como Melisa, que con 12 años protagonizó una obra?
MA: –A mí me gustó empezar a esta edad. Tan lejos en el tiempo creo que no.
ML: –En mi caso no fue una elección esperar. Yo esperé porque fue el tiempo que me llevó procesar esta vocación que a veces por miedos o por otras cuestiones… Yo no elegí empezar tarde. Y ahora que lo pienso me hubiera encantado empezar con 12 años, y tener ahora 25 años de trayectoria encima. Sería un balazo.
-¿Mariana, en qué trabajaste antes de ser actriz?
ML: –Trabajé en un video club y fui funcionaria de la Universidad de la República. Me fui dando cuenta de que todo lo que podía hacer no era lo adecuado y que quería ser actriz.
Expresarse
-¿Qué es el teatro, si es que se le puede explicar a los demás esa experiencia vivencial: interpretar otros personajes tan diferentes a nosotros?
ML: –Mi experiencia es la forma que yo encuentro de comunión con otros seres humanos. Es lo que me fascina hacer, por más que a veces me sienta cansada. Es la felicidad y esa emoción profunda muy difícil de expresar, que se trata de la comunión con el otro. Cuando estoy en un esce
nario yo dejo todo lo que tengo. ¿Y qué es dejar todo en un escenario? Es poner todo lo que soy, así deba sentir dolor en ese momento.
Pero en mi caso la aventura maravillosa y más grande es estar en el mismo espacio físico con el público y con mis compañeros, sentir las respiraciones, respirar el mismo aire, sentir los latidos. Yo presto mi cuerpo, mi corazón y mis vísceras a un ser para estar en comunión con los compañeros y con los que están viendo la obra. Esa es la magia del teatro, que a veces se da pero otras veces no. Pero cuando uno está dispuesto a dejar la vida, porque eso es comunicarte con el otro, alcanza niveles misteriosos.
MA: –Está bueno ser otra persona, conocer otras realidades. A mí no me tocó y ni siquiera había nacido cuando la dictadura y los exilios, pero ahora los conocí más, y lo que dice Mariana es así: darle el cuerpo a otra persona, expresar su pensamiento, está bueno.
-¿Qué les dejó a ustedes cada personaje que han hecho?
ML: –Siempre es una experiencia muy enriquecedora porque trabajás tu materia prima, que no es sólo tu cuerpo, sino también tus sentimientos, tus pensamientos. El pasarle tu lugar al personaje se puede siempre y cuando vos no estés tan rígido. Si no te entra un alfiler en el alma no lo podés hacer. Vos tenés que tener la generosidad de hacerle un lugar a esa criatura y moverle alguna pieza de tu puzzle. Y en ese movimiento de piezas están las angustias de los actores. Mi familia a mí me comprende mucho cuando estoy en ese momento en que estoy moviendo cosas en mi interior.
MA: -Creo que te hace cambiar. Cuando hice «La Embajada», que fue un tema re duro como el exilio, pensé y dije: «¡Qué encare!» Yo no sabía lo que había pasado y cuando empecé a leer la obra dije: «No, no puede ser, hubo personas que pasaron por esto». Entonces te das cuenta de que te cambia.
-¿Qué se siente en el momento del aplauso?
MA: –Yo pienso: «Ya pasó otro día, otra función». Es como que te la sacás de encima.
ML: –Te da una sensación de agradecimiento…
MA: –Ahí va, sentís una especie de agradecimiento…
-¿Y qué piensa un actor mientras actúa? ¿Piensan en cómo la estará pasando el público, o están tan compenetradas con su actuación que no le prestan atención?
MA: –A mí me pasa todo antes de salir al escenario, en el camarín. La obra comenzaba conmigo haciendo un monólogo, y esa era la peor parte. Al principio tenía muchos nervios, pero creo que después se van calmando, con el correr de la actuación.
ML: –Según la propuesta de la obra. A veces te queda energía y atención de cómo está viniendo. Cuando es una comedia, vos te das cuenta porque esperás risas en tal lado o en otro. Pero hay otras obras en que parece que en la platea no hubiera nadie.
MA: -A veces mirás al público pero no con la intención de mirar, sino porque te lo marca la escena.
ML: -Sí, porque si no te volvés loco. Si estás mirando las caras para ver si les gusta o no, terminás por no poder hacer la escena.
MA: –Sí, una vez me pasó que, en el monólogo final que yo hacía en la obra, justo encontré un punto medio entre dos asientos. Cuando miro hacía allí había un señor, grande, mayor que estaba dormido contra su bastón y fue un momento en el que me puse mal (risas).
ML: –Si es en el principio vos sabés que culpa tuya no es, pero si es en el final ya es más difícil.
-Las generaciones anteriores de actores componían personajes de carácter, pero terminan la obra y siguen siendo ellos, los actores. ¿Hoy los jóvenes están más comprometidos con sus papeles?
ML: –Creo que hoy los jóvenes maman más lo audiovisual y actúan de una forma más verosímil. Eso les facilita las cosas. El público más joven también está pidiendo eso.
-También hay una movida de teatro joven. Ustedes están en dos escenarios de los denominados «grandes» en nuestro país, como el Circular y El Galpón.
MA: –En el momento no me di cuenta de eso, pero ahora que me lo decís, pienso y digo: «Pah, fue encare salado». Además, en una obra que habla bastante de nuestra historia, porque hubo mucha gente que se tuvo que exiliar durante la dictadura.
-¿Tuviste que leer o estudiar nuestra historia reciente para interpretar tu papel en la obra?
MA: –No. Yo te dije al principio que empecé a trabajar el papel de antes. Tenía una idea de la dictadura pero hasta por ahí nomás. Tampoco entendía lo que era un asilo político. Marina Rodríguez, la directora, me fue contando todo lo que pasaba en esa época, y luego tuve la ayuda del libreto e iba preguntando sobre las dudas que yo tenía.
– ¿Y alguna vez te pasó que te llamaran para una nota porque a alguien le gustó tu trabajo actoral?
MA: –Una vez en Radio Carve. La iban a entrevista a Marina Rodríguez, yo justo pasaba y ella me llamó para que hablara. Pero creo que si me llamaran ahora sería algo así como alivio o felicidad, si es que te gustó la obra.
Futuro
– Hoy le preguntamos a Mariana qué hizo antes de actuar. ¿Vos Melisa cómo te ves en diez o quince años?
MA: –A mí… (piensa) me gustaría seguir siendo actriz. Además me gustaría ser periodista y estudiar comunicación.
-¿Y vos Mariana, cómo te ves en diez o quince años?
ML: –Esperemos que siga siendo actriz.
QUE COMIENCE LA FUNCION
– ¿Cómo se sintieron en sus primeras funciones de teatro?
Melisa Artucio: -Tuve muchos nervios. Pero mis compañeros de obra me apoyaron mucho. Igual yo estaba muy insegura, con actores de trayectoria, de muchos años. Yo que tenía un papel más protagónico, y en mi primera obra fue un encare.
Mariana Lobo: -Mi primera obra fue «Hamlet García», dirigida por Alfredo Goldstein. Fue un shock, porque las primeras palabras que yo dije arriba de un escenario tenía una palabrota que yo nunca pensé que iba a decir en frente del público. Era un monólogo, muy fuerte en su contenido, y ese desafío de subirse a un escenario por primera vez era muy grande. En los primeros ensayos pensé que no lo iba a poder hacer, pero lo hice.
UNA GRAN COINCIDENCIA ENTRE AMBAS ACTRICES
-Qué casualidad que Melisa quiere ser comunicadora y vos ya lo sos.
Mariana Lobo: –Es que a mí me pasó con la comunicación como le pasó a Melisa con el teatro. No es que yo hubiera querido serlo, aunque estudié comunicación. Pero es otra de las cosas en las que le debo la vida a Temponi, porque fue él quien me arrastró por este camino.
A mí me gusta muchísimo, pero no puedo dejar de lado el teatro, la comunicación con la gente. Ese alimento que yo busco para el alma cuando hago teatro es muy diferente, pero existe también en la radio.
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