Cosas en su sitio
Más allá de ciertas risueñas diferencias que mantenemos, creo que Rodolfo Nin Novoa es una persona de bien, responsable y sagaz. Vamos, hombre, no demos lugar a interpretaciones antojadizas.
Desafortunadamente, unas sentencias suyas me convocan a la enmienda, pero con el mejor talante.
Contrariado por la situación de su hermano »se modifica la carga de la prueba y hay que solicitar patente de honestidad»- cargó sobre la prensa, los periodistas y «sus juicios paralelos» que procesan a las personas «antes que la justicia». De sus dichos resalta la idea de crear un código deontológico, «documento al que el ciudadano pueda acudir cuando considere que sus derechos han sido vulnerados». A ese fin, citó el Manifiesto de Rivas, compromiso ético elaborado por políticos y periodistas españoles, que antecedió a normas que hoy se aplican en Europa.
Las cosas en su sitio. Deontología es la ciencia o tratado de los deberes; ética es la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones.
Es posible un código deontológico, algo así seamos realistas- como un manual de estilo. En cambio, no es viable una ética colegiada. Ella nace de esa tensión moral entre el «debe ser» y el «puede ser» que cada uno resuelve en su mismidad y sus circunstancias.
Además, si de derechos vulnerados e injurias se trata, el país tiene una precisa y abundante legislación, a cuyo amparo cualquiera puede recurrir.
La objetividad es pura ficción. La independencia a veces llamada imparcialidad-, la libertad de pensamiento crítico y el postulado permiten que la misión de informar acerca de lo que pasa sea ética. ¿Hay medios con intereses inconfesos? Sí. ¿Hay periodistas que los sirven y traicionan su oficio? Sí. Lo que no hay es indefensión social, aunque mucho del mundo periodístico sería bueno mejorarlo.
Eso sí, sin que los políticos enseñen el camino, por más legítima, como en este caso, que su preocupación sea. El asunto va por otro lado.
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