Tiene la palabara
Algunas precisiones para Amondarain
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Sr. Director, admirable Ud. y generoso al abrir sus páginas a fundamentalistas judíos y católicos, solicito a Ud. permiso para también abusar de su generosidad y responder a Don Leopoldo, pág. 19 del día 8/12.
Señor fundamentalista, llamar al aborto un crimen es una ofensa gratuita a miles de mujeres que lo practican y a la vez lo convierte a Ud. en cómplice. O acaso ¿tuvo tiene o tendrá coraje para denunciarlos? O acaso Don Leopoldo el blancazo, hace honor al dicho popular nacido por el 86, recuerda, «se acabaron los huevos blancos». La jurisprudencia internacional, la biología y la ciencia médica jamás afirmaron que un embrión fuese un ser humano, Ud. sí.. ¡So’ bestia!
Aclarando dijo el vaso y agregaba agua a la leche, cuando se refiere a la moral cristiana entiendo que se refiere al hombre que pregonó ideas revolucionarias hace más de 2000 años entre el gran pueblo judío de la época, y que jamás habló del aborto; no se referirá a los príncipes de la iglesia que practican la pederastia y el genocidio. Desde su jefe fascista hasta el curita condenado por genocidio recientemente en Argentina, Ud. defiende esa iglesia y esa moral cristiana. ¡Eureka!
La vida no pertenece a Dios, por lo menos la mía, nací por azar en una copulación de mis viejos, me desarrollaré hasta que muera, soy un ser biológico. No hubo cigüeña ni espíritu santo, estoy inmerso en una cultura en desarrollo y desarrollándome yo colaboraré a desarrollarla. No hay nada inmutable. Filosóficamente en occidente nos dividimos en los unos que piensan que bajamos del arca y cada vez más los que piensan que bajamos de los árboles, y todo aún no hemos bajado de la soberbia.
La soberbia y la intolerancia, hermanitos, aparecieron en el inicio con la idea del monoteísmo. Afirmar que existe Dios, que me relaciono con él, que además es único y verdadero y más aún, que en la tierra hay un hombre que lo representa y que es infalible, es el sumo de la soberbia y la intolerancia. Estas ideas sumadas a nacionalismos anacrónicos, como los del pueblo judío, que se creen los elegidos de Dios y que éste les otorgó tierras; ahora los yanquis no quieren quedarse atrás y se proclaman también elegidos; han provocado las más grandes masacres humanas en los últimos dos siglos, y Ud. habla de ¡defender la vida! Don Leopoldo con todo respeto, si Ud. no se ama por encima de todo, Ud. no podrá amar a sus semejantes, lo demás son frases con alto contenido de hipocresía. La moral cristiana, buena para los cristianos, no trate de imponerla a los demás, la época feudal ya pasó, hoy el poder radica en los hombres libre y se deben acatar las mayorías. Si quiere otro día hablamos de ética, no de moral o moralina, Epicuro y Sócrates añitos antes de crearse la leyenda y el mito del hombre-Dios y las famosas tablas con el libro, los humanos ya tenían un código ético, que en occidente sigue vigente y sin chantaje, o sea sin premio, paraíso y sin castigo, infierno.
GASTON – C.I. 973.097-7
El aborto y su despenalización
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El Grupo de Reflexión Académica, núcleo independiente formado por alumnos y egresados del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, ante la situación de la inminente voluntad de despenalizar el aborto en el Parlamento, considera oportuno divulgar la presente reflexión. Nos expresamos según nuestra doble condición de hombres y mujeres sensibles y además cristianos, si bien la primera alcanza para sostener la no despenalización del aborto, tema que ha tenido trámite hasta ahora desfavorable en el Parlamento.
En primer lugar –y esto bien se señaló oportunamente en el Parlamento en una ocasión– hay un tema previo para discutir: qué es vida. Mal podremos tomar partido sobre el aborto si primero no respondemos a esta pregunta, pues los supuestos de los que partiríamos no serían compartidos. Se necesita aquí un debate ético amplio sin que los partidos piensen si ese debate crucial les ganará o restará votos.
En la esfera biológica son la Biología y la Medicina las disciplinas a las que debemos preguntar. Estas informan que desde la fecundación del óvulo, es decir, desde la constitución de la célula huevo, están dadas todas las condiciones para que se desarrollo un ser humano completo y distinto a la madre y al padre, como lo hemos sido cualquiera de nosotros. Para afianzar esta convicción, la formulación de Ginebra del Juramento Hipocrático, señala: «Tener absoluto respeto por la vida humana, aun desde el instante mismo de su concepción». Es decir, el argumento central, no es de índole religiosa, sino científica.
Admitido todo esto, no parece adecuado recurrir a una «consulta popular», que podrá verse condicionada por elementos subjetivos o por posturas no siempre bien informadas o influenciadas por vivencias personales o familiares cercanas. El sí o no a la vida no puede depender de mayorías, si es que todos estamos de acuerdo en defender la vida como bien indiscutido e inviolable, cosa que parece obvia debido al respeto que nos inspiran los Derechos Humanos. El derecho a la vida no puede ser plebiscitado.
Y si alguien dice que la vida no es humana hasta tanto el feto tenga tal o cual edad puede respondérsele que cada edad es un tránsito obligatorio que inexorablemente tendrá al desarrollo de un hombre o de una mujer, por lo que tal argumento resulta engañoso.
¿Que hay hipocresía? ¡Sí, la del doble discurso! Pero esto no es excusa. Es el problema de generaciones que han empleado una doble moral en múltiples aspectos y estas contradicciones inundan nuestra vida en mil situaciones reparables. Y hay que examinarlas todas. Detectarlas no sirve para justificarlas, sino para corregirlas.
Los que tanto hemos bregado por verdad y justicia, para esclarecer el tema de los desaparecidos, ¿vamos ahora a «desaparecer» niños del útero materno? ¿No es una crasa contradicción? ¿Son menos vida ellos que los otros?
Las mujeres, por su parte, deben ser protegidas en sus vidas. No deben realizarse abortos en ninguna ocasión. Tampoco en las llamadas situaciones «seguras», ya que lo son para ellas, pero no para el bebé, quien morirá. Debemos bregar para que las leyes fomenten la educación sexual, un embarazo amparado económicamente y la posibilidad de dar en adopción a los hijos que la mujer o la pareja no deseen tener. A veces no desean a su hijo (el embarazo no deseado es el problema central de fondo) pues «aborta» sus pretensiones de una adolescencia con preocupaciones precoces de madre y las embreta en situaciones de exigüidad económica penosa o de discriminación socio-familiar. Parece muy razonable que entonces puedan dar a su niño a quienes lo esperan, en adopción, para lo cual el Estado deberá agilitar el expedienteo, lento y obstaculizante que va más allá de las necesarias precauciones, y asegurar que ese embarazo será controlado y asistido. Las leyes deberán proteger a estas madres y salvar de la discriminación a sus hijos, que al ser adoptados vivirán afortunadamente como hijos «legítimos». Vale tanto una vida como otra. Y quienes practican abortos, lejos de ayudar a las madres desesperadas, lucran con su desesperación y luego se pertrechan con toda una justificación sin consistencia. Ni hablar de los hombres en tanto padres, que quedan excluidos de las decisiones, o las aceptan indolentemente o, no pocas veces, suministran fondos para la práctica del aborto, todo lo cual los convierte en coautores del mismo y no en coprotectores de la vida. El hombre es co-responsable desde el inicio. Si como es lógico se le exige responsabilidad no debe excluírsele luego con el falaz argumento de que «la madre dispone de su cuerpo» ya que el cuerpo del niño en gestación no es parte del cuerpo de la madre pero obliga responsablemente al padre y a l
a madre a que se respete su derecho a vivir. Cuestión de Derechos Humanos.
Si como seres humanos sensibles no admitimos el aborto (aunque es comprensible la desesperación de quienes están viviendo la situación), como cristianos le damos el sentido del respeto a la vida, a la naturaleza humana que Jesucristo, siendo Dios, compartió con nosotros. Se lo admita o no, el aborto destroza embriones o fetos y les priva de la vida en nombre de conveniencias externas (por más sólidas que parezcan). Si pese a la educación sexual ocurre un embarazo no deseado y los padres no desean asumir el desafío de la responsabilidad que les cabe, ese niño seguramente tiene una familia sustituta que lo elegirá, tal cual es, que lo hará hijo ¡gratuitamente! Siempre que la burocracia y las maniobras abortivas no lleguen antes. Atentamente:
ARQUITECTO – JUAN C. SARASOLA
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