La renovacion del Frente Amplio

En notas anteriores analizamos que el Frente Amplio como fuerza política sufre una profunda crisis de dirección, lo que limita su capacidad de movilización, la mirada de futuro, los necesarios e imprescindibles apoyos al gobierno e inclusive la necesidad de controlarlo con respecto a la aplicación de la plataforma electoral.

En una nota anterior hicimos referencia a la historia de la Mesa Política, su ineficacia como órgano de conducción, su falta de adecuada representatividad y en última instancia su falta de credibilidad. Por ello entendemos necesaria la renovación de la orgánica del Frente Amplio.

El Frente Amplio nació como coalición de distintos partidos políticos y como movimiento centrado en la participación de los distintos comités de base. Estos tuvieron una extraordinaria creatividad y buscaban extender su influencia en los barrios donde se creaban y en las instituciones productivas. Albergaban a las bases de todos los partidos integrantes del FA quienes, junto a los independientes, fueron consolidando la unidad de la fuerza política desde abajo. La capacidad creativa no tenía límites: desde dar clases de matemática hasta vacunar a los vecinos del barrio, limpiar las calles o pintar árboles. Fueron extraordinarios pilares de la construcción de la fuerza política y fueron ganando espacios de poder: Congreso de Comités de Base, el 50% de los integrantes del Plenario Nacional y el 40% de la Mesa Política.

Con el paso del tiempo los comités de base se fueron encerrando en sí mismos. Perdieron vinculación con el barrio y se multiplicaron sus discusiones internas tanto de carácter ideológico como político. Se fueron achicando, pero especialmente no lograron incorporar a los jóvenes. Sin jóvenes no tienen futuro.

En la práctica, una parte importante de los delegados de los comités de base representan a sus partidos políticos de origen. Algunos sectores políticos se encuentran sobrerrepresentados, especialmente el Partido Comunista, el Socialista y el Movimiento de Participación Popular. Inclusive representantes de los comités de base se agrupan y funcionan como un verdadero partido político. Con ello se desfigura el papel, la presencia y la representatividad de los propios comités. Por lo tanto es imprescindible la renovación, buscando nuevas formas de participación auténtica de las bases y sobre todo encontrando nuevas fórmulas que incorporen a los jóvenes a los nuevos organismos de conducción de la fuerza política. La participación de las bases es un elemento central de la identidad de nuestra fuerza de izquierda y nos diferencia nítidamente de la conformación de los partidos tradicionales. Pero han perdido dinamismo y autenticidad y hay que encontrar nuevas formas de participación de las mismas.

Junto a la necesaria participación de las bases vale la pena reflexionar sobre la democracia interna. Las características de coalición de los distintos partidos ­que tuvo la originalidad de unir en una misma fuerza política a la Democracia Cristiana y al Partido Comunista­ generó una cultura de consenso que también ayudó a la unidad de la fuerza política. Pero muchas veces la búsqueda del consenso otorga mucha fuerza a las minorías, inclusive la posibilidad de veto, lo que atenta contra los principios democráticos.

En esencia, la democracia es el gobierno de las mayorías y el acatamiento y control de las minorías. Probablemente, una nueva estructura orgánica debería contemplar la cultura de las mayorías que surgen de procesos electorales.

El Congreso de este fin de semana mostró claramente el divorcio entre el gobierno y la militancia política. Las actuales características de los comités de base le hacen perder al Congreso, de alguna manera, su propia legitimidad. Algo similar le sucede al Plenario Nacional y a la Mesa Política. Pero el Congreso mostró también la crisis de los sectores políticos que no tuvieron la necesaria capacidad de acordar fórmulas de nueva conducción de la fuerza política y de elegir sus máximas autoridades como su presidente y vice. En esencia pesan enormemente, como es lógico, las relaciones de poder. Cada sector quiere ganar poder, pero lo más sensato es que ese poder se gane en las urnas, en procesos electorales, en procesos democráticos. Quisiera destacar un gesto de desprendimiento, de grandeza, del Pepe Mujica. Intentó renovar la presidencia del FA proponiendo una mujer joven, independiente, que no votó a su sector político, de extraordinarias cualidades académicas, para quien era un enorme desafío articular y dirigir una compleja fuerza política. Era un enorme desafío como también lo fue para Líber Seregni, quien tenía experiencia en tareas militares pero no en las lides políticas. Lamentablemente, se perdió una oportunidad excepcional. Pero también manifiesto claramente que un nuevo presidente, salvo con las cualidades de Seregni o Tabaré Vázquez, difícilmente podrá cumplir con eficacia sus objetivos centrales si no hay una modificación sustantiva de los organismos de conducción.

Finalizada esta primera etapa del Congreso de Comités de Base, siento que no tendrá influencia en las orientaciones centrales del gobierno nacional. El Frente Amplio mantendrá sus organismos estatutarios sin poder debatir con rigurosidad temas centrales ni dirimir las diferencias internas. Mantener la estructura orgánica significa no resolver su crisis de dirección.

En realidad, el Congreso desnudó la crisis orgánica y puso en evidencia la crisis de los distintos sectores políticos. Pese a estos problemas orgánicos, el Frente Amplio está en condiciones de ganar las próximas elecciones nacionales que pasan por otras coordenadas.

Se requiere una renovación profunda con incorporación de los jóvenes, con nuevas formas de participación de las bases, con nuevos organismos de dirección. Esta renovación pasa necesariamente por los sectores políticos. Ellos son los responsables del futuro del Frente Amplio.

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