La Presidencia del Frente Amplio
El próximo Congreso del Frente Amplio pondrá a consideración la designación de un nuevo presidente de la organización, para lo cual se plantean diversas propuestas provenientes de los distintos sectores políticos. Analizar el tema significa estudiar la situación actual de nuestra fuerza política a casi 37 años de su creación y con tres años de la izquierda en el gobierno.
En la actualidad el Frente Amplio no tiene una dirección, una conducción adecuada y eficiente para cumplir sus principales roles. La Mesa Política carece de una adecuada representatividad, dadas las actuales circunstancias, y ello limita las posibilidades de apoyar y controlar al gobierno del Frente Amplio. Se perdió capacidad de movilización y de convocatoria, y es difícil salvo en plena campaña electoral realizar actos masivos que generen el entusiasmo y la esperanza de períodos pasados. En realidad la Mesa Política siempre tuvo dificultades de conducción. Bajo la presidencia de Líber Seregni se reunía una especie de «mesa chica» de carácter informal que dirigía y convocaba el propio Seregni. Allí se reunían los líderes políticos de los principales sectores y se acordaban los temas centrales que luego se desarrollarían en la Mesa Política. En otras etapas de la vida del Frente Amplio se creó institucionalmente un Secretariado Ejecutivo con una representación más adecuada, donde concurrían los líderes de los distintos sectores políticos; se debatía y se resolvían los temas centrales. Durante la presidencia de Tabaré Vázquez el mecanismo más utilizado para acordar y resolver los temas más relevantes fue la reunión de los «cabezas de las listas» con representación parlamentaria. Por lo tanto, participaban los líderes de los principales sectores políticos que componían el Frente Amplio. Las experiencias de las presidencias de Seregni y de Vázquez no son sencillas de reeditar por la extraordinaria capacidad y liderazgo de ambos actores, con las lógicas diferencias derivadas de sus específicas cualidades personales.
A los distintos problemas que tenía en el pasado la Mesa Política se agrega que su actual presidente, Jorge Brovetto, comparte su tarea con el Ministerio de Educación, y no tiene la capacidad de liderazgo de sus antecesores. Tampoco vale la comparación con el pasado ya que los principales líderes de los distintos sectores políticos ya no participan en la conducción del Frente Amplio porque están cumpliendo tareas en el gabinete ministerial del Poder Ejecutivo. En esencia el problema de la fuerza política no es solamente encontrar un nuevo presidente sino alcanzar acuerdos para lograr una organización que permita tener un ámbito para debatir, tener un espacio para dirimir diferencias, para discutir políticamente al mayor nivel posible, para orientar al gobierno cuando lo entienda necesario, para retomar su capacidad de movilización y de convocatoria, y para volver a generar los elementos emocionales indispensables que revitalicen el entusiasmo, la esperanza y la alegría por el cambio social. La unidad del Frente Amplio es un elemento emblemático de nuestra organización y la izquierda latinoamericana nos admira por ésta y otras cualidades. Con el Frente en el gobierno la unidad es un elemento central, los acuerdos políticos son indispensables, pero también puede ocurrir que algunos temas ya no se puedan resolver por consenso sino por mayorías especiales. En los hechos las discusiones sobre la reforma tributaria, la reforma de la salud o el tratado de libre comercio con Estados Unidos no pasaron por los organismos del movimiento político. O fueron resueltos por el Presidente de la República o por la extraordinaria capacidad de acuerdos y unidad de los distintos sectores políticos frenteamplistas. Y éste es el gran desafío de la hora. Entendemos imprescindibles los acuerdos políticos de los sectores con representación parlamentaria para encontrar una dirección ágil y efectiva, que no puede tener más de nueve integrantes y la mayor representatividad posible. Trabajar en este ámbito con los asesoramientos profesionales correspondientes que faciliten el debate y la resolución de las diferencias y los conflictos internos, y que adquiera el prestigio y la credibilidad necesarios para asegurar el acatamiento de sus resoluciones. Si esto se logra se facilitará el propio relacionamiento de la fuerza política con el Poder Ejecutivo y con la propia bancada legislativa. Es una forma de centralización del poder en función de los resultados electorales. Pero el Frente Amplio no puede perder su democracia interna ni la participación de sus bases. Para determinados temas se podría participar de la nueva dirección con voz pero sin voto y en diversos organismos o comisiones asesoras indispensables para la tarea de la conducción del Frente Amplio.
De lograrse un acuerdo político cercano a esta propuesta preliminar que estamos planteando, seguramente será más sencillo encontrar una salida para la presidencia del FA. No me disgusta que el presidente del FA sea elegido en voto secreto a padrón abierto. Pero una salida de esta naturaleza no es viable sin un acuerdo político básico para definir la nueva organización de dirección, sin olvidar que requiere modificaciones en el estatuto de la organización.
Si los sectores políticos del FA no encuentran un acuerdo básico esto mostrará que la crisis de nuestra institución no es la crisis de la presidencia ni se resuelve con un nuevo presidente salvo que se encuentre un nuevo Tabaré o un nuevo Seregni sino que es la crisis de los distintos sectores políticos del Frente Amplio, que no alcanzan a estar a la altura de las circunstancias. Ello significa que serían los principales responsables de la falta de conducción de la fuerza política y de su propia desmovilización.
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