Coordinación
Me gusta contar ciertas cosas que ya conté, todos lo saben, especialmente cuando lo que repito es muy ilustrativo y ayuda, aun desde la metáfora, a entender mejor lo que quiero decir.
Por tanto, repetiré una fábula satírica de Meyrinck: «El ciempiés marcha coordinando maravillosamente el movimiento de sus cincuenta pies izquierdos y sus cincuenta derechos, cuando se topa con un sapo maligno que le dice: ‘Oh, venerable animal de muchos pies, ¿cómo te las arreglas para levantar siempre el pie treinta y ocho cuando pones en el suelo el pie treinta y siete?’. El ciempiés queda inmovilizado, como si hubiese echado raíces, y no da un paso más».
Declaraciones del presidente de la Comisión Honoraria de Mevir me ratificaron y dejo constancia que es pura interpretación mía- una situación poco novedosa en esta administración: buenas intenciones y hasta provechosos programas que se ejecutan en diferentes áreas no se expanden lo necesario, ni alcanzan resultados mayores, por falta de coordinación.
¿Hay un sapo maligno que aparece y traba el movimiento aprendido?
Si seguimos con la fábula y la metáfora-, ese sapo sería la representación de un montón de organismos e instituciones del Estado que, pese a tener un objetivo común frente a diversos problemas, se encaprichan en hacerlo todo por su cuenta, sin dar participación suficiente ni coordinar debidamente con otros las acciones exigibles.
Hoy es posible advertir, pese a que se intenta resolver esto con buena voluntad y más aprendizaje, que, para asuntos como la repoblación de la campaña, es difícil saber dónde está el eje y es fácil saber cómo se desperdicia gran parte de una contribución imprescindible.
Intuyo que algunos sectores del gobierno están haciendo como aquel jefe de clínica que, de golpe y desmereciendo la coordinación, cree necesario dirigir los actos de los demás, que se cumplían bien por haber sido así realizados múltiples veces. Sapo, sapo, si estás… ¡vete, por favor!
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