Homenaje

Ante su ausencia es cubierto por Constanza Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.

Este lunes 3 de diciembre se hará un acto en homenaje a Hugo Cores. Se llevará a cabo en el Paraninfo de la Universidad de la República y participarán en él representantes de esa institución, del movimiento sindical, del Frente Amplio y del Partido por la Victoria del Pueblo. La editorial Trilce, encargada de la reciente publicación del libro «Hugo Cores: la memoria combatiente», una compilación de textos de Cores hecha por Sara Méndez y Raúl Olivera, es organizadora de este evento.

Esta contratapa de los lunes fue escrita por él, en forma sistemática y continua desde 2004, y en forma más esporádica desde 1999. Sólo la suma de estas contratapas, sin contar los libros y artículos que escribió a lo largo de su vida, constituye un testimonio crítico y lúcido sobre la política uruguaya, y sobre la izquierda en particular. Es por ello que la contratapa de este lunes 3 quiere también colaborar a este homenaje, y hacerlo desde sus propias palabras, recogiendo parte de lo que la publicación de Trilce ha escogido divulgar.

Baste comenzar diciendo que Hugo Cores tuvo una mirada especial sobre la política uruguaya, y sobre la política en general. Era una mirada nutrida de su propia praxis política, y volcada básicamente a ella. Lo importante para él era entender el sentido de la historia. Y era importante en sentido «práctico» (de la praxis), como enseñaron los griegos, y como enseñó el marxismo. Era importante para cambiar el mundo.

Como varios pensadores que reflexionaron sobre la praxis política, desde la antigüedad hasta el marxismo, Cores creía que la política era funcional al sistema de dominación social y económica, y estaba a su servicio. Las teorías de la «superestructura ideológica» y los «aparatos de dominación del Estado», caros a la teoría marxista, hacían parte también de su herramental teórico. Sin embargo, como otros muchos también, creyó que la política era también una posibilidad emancipatoria de los hombres. Parte de este argumento esencial está contenido en toda su obra. Y sin duda, la organización del Frente Amplio como partido ofrecía para él la posibilidad de esa política de la emancipación. A entender este partido, a trabajar en este partido, y a transformar este partido, Cores le dedicó los últimos veinte años de su vida.

Sus análisis sobre los problemas del partido como tal son escasos hoy en día, donde una reflexión politológica sobre los partidos transita en forma paralela y ajena a la inmensa acumulación teórica y práctica que viene desde la izquierda, del marxismo, del leninismo. Vale la pena entonces rescatar algunas de estas reflexiones aquí, en este mismo espacio de la contratapa de los lunes, en la que Hugo volcó tantas veces sus análisis.

El primer punto a destacar es su rechazo a la idea del monolitismo de un partido único. Sin embargo, este rechazo no va acompañado de la negación del rol de la organización. Así, en el libro que se presenta hoy Cores señala que «sea bajo la forma de una organización única o de una vanguardia compartida, creo es imprescindible la existencia de un lugar, de un ámbito donde la toma de decisiones se centralice, donde se examine globalmente cada giro de la situación histórica, un lugar donde se combine la teoría con la práctica, la táctica con la estrategia, el pasado con el presente, y donde se deciden las distintas formas de lucha que se impulsarán».

En concordancia con esto, cree absolutamente necesaria la libre circulación de las ideas. «No creo que sea bueno la existencia estable de tendencias que en lugar de expresar diferencias de apreciación frente a problemas puntuales o programáticos, lo que es absolutamente lícito y puede enriquecer el debate, tiendan a formalizarse y crear espacios de microlealtades, que conspiran tanto contra la circulación racional y objetiva de ideas».

En tercer lugar, cree en la idea de un partido democrático de masas. «La única manera de terminar con las injusticias de la vieja sociedad y transitar hacia la construcción de otra, exige un componente moral que sólo puede ser solventado en una gran participación de las masas y una gran voluntad por revolucionarlo». Agrega que sin ese componente que tiene como contrapartida la participación democrática («porque nadie tiene ese entusiasmo si funciona en su partido el estilo de «ordeno y mando», el verticalismo, la concentración de la información y el poder de la decisión en manos de una cúpula»), ninguna proeza revolucionaria hubiera sido posible. Ni siquiera la propia creación del FA. Sobre el funcionamiento del mismo destaca como positivo el hecho de que cada dos meses se convoque al Plenario Nacional, y en ese escenario afloren matices y discrepancias. «Esa instancia regulada por los estatutos, ejerce una especie de contralor hacia las autoridades del Frente, hacia sus gobernantes y hacia sus legisladores».

En cuarto lugar, alerta sobre los peligros de la llamada «ética de la responsabilidad». Considera una «tentación» del Frente Amplio, la de dar la imagen de una fuerza responsable, y en función de esto «hacer suya la idea de que determinados problemas del país deben ser considerados como política de Estado». «Cuando se pone el acento en la búsqueda de la concertación o del consenso nacional, se tiende a minimizar el factor explotación, y se produce un peligroso deslizamiento hacia el reformismo. De la misma forma, cuando se hace una apelación a la «responsabilidad» y «madurez» de los dirigentes sindicales y del movimiento obrero, cuando surgen actitudes de autolimitación para plantear en lo salarial las necesidades básicas de la familia trabajadora, poniéndose en la óptica presuntamente objetiva de los tecnócratas del gobierno que sostienen que el país tiene déficit fiscales y que no hay que ahondarlos…, entonces empieza a desarrollarse en la izquierda, no una lógica de cambio, sino una lógica de la no conflictividad, del diálogo y la paz social».

Sus expectativas sobre el FA siempre fueron ambiciosas: «el FA debe levantarse como un punto de referencia frente al desaliento y la disgregación nacional y social. Frente al desaliento tiene que generar la confianza de que el cambio es posible, pero para eso hay que vencer el fatalismo, hay que organizarse y luchar desde los barrios, los sindicatos y las cooperativas… Sólo a partir de un gran fortalecimiento del componente más humilde, más golpeado, más explotado ­trabajador, desocupado, trabajador ambulante, gente sin casa­, se pueden generar las condiciones para que una alianza con los sectores de la burguesía media no termine poniéndonos en una situación de subordinación política a ella».

Sin embargo, señala que a diferencia de 1971, cuando «existía una energía espontánea impresionante y de lo que se trataba era de limar asperezas, de conjugar fuerzas, hoy, cuando la autoorganización de la gente no es fácil, cuando es difícil sacar victoriosos los conflictos sindicales porque hay inflación y desocupación ­dos venenos letales para la acción reivindicativa de los trabajadores­, cuando no aparecen otras formas de lucha, el aporte que desde el espacio político se pueda hacer para mantener una moral alta se vuelve invalorable».

En enero de 2005, frente a la victoria del FA, Cores escribió una contratapa que se llamaba «tres maneras tres de encarar lo por venir». A la primera le llamó la estrategia «molde»: «centrar las preocupaciones y los debates en las cuestiones económicas, y transitar el estrecho pretil que nos dejan los otros (los organismos internacionales, los especuladores financieros, los hipotéticos inversores, las consultoras de riesgo, los manipuladores de imágenes y noticias)». La segunda opción es «gobierno con buen elenco y pueblo quieto». En esta vertiente «la sede principal del quehacer político se limitaría al ejercicio del gobierno en las instituciones tradicionales de la democracia representativa al u
so uruguayensis». La tercera y única opción a su juicio, responsable, «era la de la profundización de la democracia, con el acrecentamiento del protagonismo popular, la movilización de las cabezas, de la acción crítica y creativa de la Universidad, de la acción sin temores por parte de los críticos, de los creadores de inquietudes, de los contestatarios». Tal como él lo fue, en su fructífera vida.

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