"Mi cercanía con gente del Interior reafirmó mi condición de blanco"
Genoveva Malcuori, Francisco Connio, Jorge Pasculli, Matías Rótulo.
– Juan Carlos, a través de tus viajes por todo el país tuviste la posibilidad de conocer historias muy particulares.
-Yo puedo vivir en cualquier lado pero si es en la campaña mejor. Me gustaría vivir en un pueblo del Interior.
-¿Sos del Interior?
-No, yo nací en Montevideo, en una zona cercana a la Presidencia, en Juan Cruz Varela y Quesada, y me crié ahí hasta los veinte y pico de años; me casé a los veintiuno. En 1968 o 1967 estaba haciendo radio. Yo trabajaba en un bar y me llevaron porque era muy charlatán, mucho más que ahora (risas). Me invitó un parroquiano de aquel bar que estaba en Andes y Soriano, el «Colón». En una mesa estaba Cristina Morán, Ricardo Maccio, Imazul Fernández, locutores de entonces. Así, este parroquiano que era argentino, Vladimiro, tenía una audición en CX 46 Radio «América». Su programa se llamaba «Uruguay en su Folclore». El tipo venía todos los miércoles a hacer su audición en Montevideo, y con eso hacía plata y volvía a Buenos Aires. El vivía de eso, de una audición de una hora por semana en radio América. Esta radio, junto con Radio Nacional, era la que tenía payadores que tocaban cada treinta minutos.
Yo empecé allí. El primer cantor que presenté fue Marcos Velásquez. Me dieron escrita una tarjetita que decía «Buenas noches señores y señoras oyentes, ahora canta Marcos Velásquez». Yo conocí el grabador de alambre y no hace tanto, hace cuarenta y pico de años. Tengo 62 y él tenía unos 16.
-¿Qué recuerdos tenés de aquella época en radio?
-En aquella época estaban naciendo unos enormes discos que tenían los distintos avisos y los locutores armaban la tanda. Pero en general todo era en vivo. Para un bailable que iba los sábados y los domingos toda la tarde sacabas unos buenos músculos porque los discos eran 78 y tenías dos temas por cada uno. En el Espectador recuerdo teníamos unos cajones con rueditas y con eso ibas de la discoteca al estudio para no cargar con todo aquello. Yo soy de esa etapa de la radio.
-Entonces un día llegaste a Radio Rural.
-Sí, un día desemboco en Radio Rural con una audición española. Yo tengo mucho de español por el lado de papá, que era asturiano, y me metí en el Centro Gallego ya que siempre fue una cosa que me interesó mucho aunque parece que nada tiene que ver conmigo. En el año 1968 me invitan en Radio Rural para hacer una audición que se llamó «España Visión». Ahí empecé a pasar los avisos a las 11.30 de a mañana. «Atención fulana de tal, va una carta para usted, vaya a retirarla a la Onda de Treinta y Tres». Era la forma de avisarle sobre todo a la gente del interior que tenía una correspondencia o que iba fulana en la ruta. Estos avisos iban hasta el mediodía.
-¿Y los festivales?
-En mi carrera radial me fui acercando a los cantores cada vez más. En el 73 o 74 comencé con los festivales en Villa Encina, y ya en el 77 fue el primer Palacio Peñarol. Había una gran cantidad que no podían cantar y otros que estaban emergiendo, entonces surgió lo de inventar los festivales. Creo que recorrí el camino de los primeros cantores profesionales porque tenían los medios de comunicación para darles manija y hacerlos trascender. Sembré al país entero de eventos porque era mi tarea y porque era mi extra. En los medio nunca trabajé como asalariado sino también como productor. Me gané la mía conociendo también el mundo publicitario, el cual es muy duro.
La política
-¿Cómo te trató la dictadura?
-Fue dura, pero frente a lo que otros sufrieron, yo no sufrí nada. Estuve preso algunas horas cuando iba a presentar los pedidos para mi trabajo. Iba a presentar las listas de cantores y los tenía podridos. Me censuraban un espectáculo en Montevideo el domingo y lo presentaba el miércoles, pero para Salto, y me lo censuraban y lo presentaba en San José. En 1977 iban a hacer un Palacio Peñarol y me dicen: «Lopecito está todo agotado pero está también todo prohibido». Y yo no sabía que decir: estaba prohibido un cantor que era hasta colorado y riverista.
-¿Y en tu trabajo como comunicador radial?
-Y yo que sé… En un momento hice un «clic» y dije «a partir de ahora voy a empezar a pasar sólo música nacional», y empecé a decir que hasta que no hubiera una ley de protección al artista nacional en la mañana de la radio no cantaba otro que no fuera un uruguayo. Se llamaba Americando.
Americando nació un día en el que yo estaba leyendo un libro de Jorge Abelardo Ramos que se llama «Encuentro de una nación latinoamericana». No sé por qué nació en el año 1978. Pero resulta que teníamos poco material porque con lo que venían requisando de Viglietti y Zitarrosa… Recuerdo que un día vinieron a llevarse un libro donde había participado China Zorrilla. Era para la película «Los gauchos judíos». Aparentemente China había salido en un manifiesto firmando en contra el proceso entonces venían a buscar un disco de ella, pero ella no tenía discos. Alguien avisó que había un disco en las radios que tenía un parlamento, y que pertenecía a la banda sonora de esta película.
Luego me acuerdo que vinieron a requisar a Serrat. Un día llega Carlitos Benavides. El «Bocha» me había mandado un disco de Carlitos que era un EP, de 1975, y Sondor graba a Carlos María Fosat, y a Julio Mora, los Eduardos, Cacho Labandera, todo el movimiento de Tacuarembó, digamos. Y ahí empecé a tener material para pasar sólo de acá, hasta que en 1976 o 1977 me llama un señor y me dice una de esas cosas que son bien interesantes: «Lopecito, no diga más eso de que no hay una ley de protección para el artista nacional, porque hace dos años que dice lo mismo y no le dan pelota. ¿No ve que no lo votan? Está quedando en evidencia que nadie lo escucha a usted o que a nadie le importa».
-¿Sos blanco?
-Yo en la época de Radio Rural había leído mucho de historia nacional, y así me hice saravista. El día que lo conocí a Carlos Julio Pereyra, en una época muy difícil allá en San José, dije: «Yo lo voy a acompañar a él». Mi cercanía con la gente del Interior reafirmó mi condición blanca. Yo siempre digo que soy blanco cultural e históricamente hablando, y que soy uno de los conductores que tiene un compromiso político, en un mundo, el de las comunicaciones, en que en general se desenvuelve la gente de izquierda, pero no hubo nunca una fricción por eso.
En mis presentaciones políticas aclaro que no voy porque me paguen, sino porque soy blanco y para mí es un orgullo presentar una fórmula presidencial o los actos de los cien años de la muerte de Aparicio. Nos reunimos 20 mil personas a recordar una batalla perdida, ya que en general la gente sigue a los que ganan. Pero hay una fidelidad que es lo que me hace estar en estas cosas.
La sociedad
-Tenés la posibilidad de conocer la gente del interior. ¿Qué diferencia ves entre el habitante de San José con el de Paysandú o el de Artigas y Canelones?
-Yo tengo un libro enorme, que tiene un mapa del Uruguay y dentro de él dice «Holanda», «Luxemburgo» y «Países Bajos», y todos entran en Uruguay. Hay que desterrar el concepto de paisito que impuso el Pepe con la canción, pero lo puso desde el sentimiento. Esto no es chiquito, cabemos 30 millones pero no lo hemos desarrollado con muy buenas condiciones de clima de suelo.
Tenemos la mayor cantidad de territorio agrícola de América. Un tipo de Maldonado con un tipo de Rivera ¿Qué tienen que ver entonces? El tipo de Maldonado te digo que no existe con una personalidad marcada, sí existe el tipo que es de San Carlos, que es el típico obrero. El de Maldonado sucumbió por el
tema de la construcción porque hay obreros de todos los departamentos.
-También hay más contacto con el turista
-Y claro, Maldonado es un lugar de trabajo y la gente va por temporada. Por ejemplo, la gente de Colonia del Sacramento es la más cerrada que hay. Tanto como el de Salto capital, que es de nariz para arriba. Las grandes familias de Salto mandaban a sus hijos a los colegios de la ciudad de Buenos Aires. ¿Eso que tiene que ver con el de Colonia? Nada. Sin embargo en Colonia, que ha sido invadida constantemente, empezando por los portugueses y ahora por los porteños, vas a salir a colgar la ropa y va a haber un tarado sacando fotos, entonces el tipo que vive ahí se mando para adentro. Pero en Juan Lacaze son todos obreros, textiles y de la pesca. Así vas recorriendo el país y encontrás muchas diferencias.
-¿Y qué pasa con el montevideano? ¿Está ensimismado en su ciudad y no sabe lo que pasa en el Interior?
-Si vivís en San Gregorio y salís el viernes a bailar con la muchacha bailás lo mismo que bailan en Ibiza, porque el disco lo trajo cualquiera o lo bajaron de Internet. Las gurisas se visten iguales que en Montevideo, con un jean y una blusa. Ese gurí de ahí sabe lo que pasa en todo el mundo, y también sabe lo que pasa en Paysandú. Pero ese gurí en Montevideo sabe lo que vio en un canal de televisión pero no sabe lo que pasa en el Interior. Además hay un sentimiento de pertenencia con el pago. Vienen a Montevideo, estudian y si les das la posibilidad de volver al pago vuelven. Montevideo «ya fue», como dicen los jóvenes. Yo soy de la época en que uno venía a Montevideo para ir al shopping. Una maestra en Paysandú se va a comprar ropa a Colón o a Buenos Aires. Le cambió la cabeza a la gente.
– Y hay un mayor sentimiento de pertenencia…
-Yo vivo a tres kilómetros de un pueblo que se llama Esperanza. Son 400 personas que son recolectoras de frutas, zafrales, ganaderos, algunos trabajan en la planta de Conaprole que hay allá. Hay un almacén que se llama «La Negrita», que tiene un cartel afuera, un pizarrón, entonces, escrito con tiza, dice «Hoy cumple años Richard». Si al otro día no cumple años nadie en el pueblo te ponen un pensamiento cristiano para que andes bien.
El día que hay baile en Esperanza, hay una feria todos se hacen sus buenos pesitos. Les decís a los gurises ¿Sos de Paysandú? No, soy de Esperanza, te dicen. Y eso es porque tiene pertenencia. El montevideano te dice, «soy del Cerro», pero hasta por ahí nomás. Acá en Montevideo hay poco espacio y mucha gente. Vos tirás un papel porque no te importa. Que venga otro a levantarlo. En el interior, tirás un papel y le estás tirando un papel a Juan y a Pedro que son tus vecinos que trabajan en la Intendencia y son los que barren.
A mí me costaría mucho vivir en una ciudad del interior, pero si me dicen de ir a vivir a New York me voy. No me gustan las cosas medias: el chusmerío de pueblo de interior, pero que además no sos ciudad ni tampoco sos campo. Acá no cantamos fuerte el himno porque desentonás y al final no hacés nada, y vivís enojado. Me mudé a 12 kilómetros del Paysandú porque sabía que iba a terminar mis últimos días en el campo. Me gusta vivir donde vivimos. Ando tres días`recorriendo, grabando, pero sé que vuelvo y estoy en casa con los míos. Soy afortunado. Cristiano. Profundamente. Desde que murió nuestro hijo Pablo, mucho más. Totalmente
Cuando la Policía se llevó los discos
Juan Carlos López cuenta una simpática anécdota sucedida en CX 4 Radio Rural en la década de 1970. «Un día me llaman de la dirección de la radio y me preguntan ‘López ¿Usted no se anima a hacer un programa?’. Y yo, siempre careta, empecé pasando flolkore, ya que era la música que pasaba Radio Rural, es decir Mercedes Sosa, los Chalchaleros. Allá, por el año 1972 o 1973, llegan un día dos funcionarios policiales a los estudios de la radio y me dicen de la dirección: ‘López, vaya y acompañe a los señores que vienen a llevarse todos los discos de Los Olimareños’. La discoteca era enorme; había un cajón al lado del otro llenos de discos. Pero además teníamos miles de discos con colecciones enteras de artistas. Había unos gigantes, con todas las óperas. Entonces, cuando entrábamos a la discoteca, les digo a los policías:
-¿Se van a llevar todos los discos?
-Sí, señor.
-¿Y de todas las radios?
-Sí, de todas las radios.
-¿Por qué no me deja grabarlos y después se los llevan? ¿Qué van a hacer ustedes con los discos?
-Y… Los vamos a escuchar nosotros».
En Uruguay «vale la pena vivir»
Cuando Lopecito comenzó «Americando» en televisión. «Mi hijo, que hacía ciencias de la comunicación, me dijo: ‘Papá, yo te acompaño, pero me voy. Es horrible lo que hacés, es aburrido mal iluminado’. El programa era de estudio, con unos ponchos, y me aconsejó que produjera más y que gastara plata en eso». Según afirma López, «el programa pretendía ser entonces lo mismo que en la radio, dar el mensaje de que acá ‘vale la pena vivir'», ya que «acá se puede estar bien o estar mal. Pero si pueden vivir 30 millones de personas y viven 3 millones es que hay un grave problema de despoblamiento».
JUAN CARLOS LOPEZ / EL HOMBRE
«Soy un afortunado en la vida. Tengo 61 años, el cariño de mucha gente y una familia
divina. ¿Cómo llegué a esto? Creo que no lo planifiqué, no soy de planificar a largo plazo. Creo que no soy inteligente pero sí soy un tipo intuitivo, y la vida me llevó a una senda para decir que en el país hay oportunidades para vivir.
JUAN CARLOS LOPEZ / EL COMUNICADOR
«En un momento hice un ‘clic’ y dije ‘a partir de ahora voy a empezar a pasar solo música nacional’, y empecé a decir por radio que hasta que no hubiera una ley de protección al artista nacional en la mañana de la radio no cantaba nadie que no fuera uruguayo».
Benito Nardone y Germán Araujo
-Ya que hablabas de radio Rural, antes tenía mucha influencia en la gente del Interior, ¿pero hoy?
-Rural tuvo un momento. Acá hubo dos grandes comunicadores que eran maravillosos y no te olvides de que no había televisión y todo el mundo era radial. Y Rural tuvo un papel fundamental. Tan importante fue que en 1958 hace ganar al Partido Nacional con Benito Nardone «Chicotazo», que fue uno de los dos grandes comunicadores, junto a Germán Araújo. Antes se llegaba muy fácilmente al campo. Nardone llega con el «Transistor». Vos podías escuchar radio si tenías una batería: conectabas la batería si tenías un molino que te diera energía. Cuando llega Nardone vienen la «Spika» y la «National», entonces el tipo que iba arriba de un tractor o haciendo un alambrado podía escucharlos por la radio chiquita. Él le dio una guía al productor rural. A veces inventaba, y a veces tenía la información de verdad. Leía la información del mercado pero cuando salía al aire a las 11.30 le ponía un peso arriba y decía: «Estimado productor, usted no deje que le paguen un peso, usted pida uno veinte», y los canarios iban y pedían uno veinte, y los querían matar, pero lo decía Nardone…
Mientras trabajaba en el diario El Día, en los archivos, hizo una recopilación que se llamó «Proceso al Día». El diario se los compró y los quemó, para que nunca saliera eso que empezaba con un Batlle Carrió al que Artigas le había confiscado el trigo cuando el paso del éxodo en la Paz. Pasan los años y un Batlle Carrió le va cobrar a los descendientes de Artigas y Nardone se entera de eso y hace «Proceso al Día», teniendo en cuenta que El Día era antiartiguista. . Pero a la larga Nardone fue perdiendo poder y el debate titula a los dos días de las elecciones con un gran «Una culebra roja se nos metió en el partido».
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