CalenDiario

1983

Las miles de cadenas nacionales de radio y televisión que invadían la privacidad hogareña cada noche desde el golpe de Estado, habían logrado el milagroso efecto de la indiferencia por lo que marcaban los peores índices de audiencia. Nuestra gente, harta de macaneos, apagaba radio o tele, descansaba unos minutos y luego volvía. Siempre había cosas más necesarias que hacer que oír o ver a los jefes diciéndole a sus soldados lo mismo, la letanía de lo que nos esperaba.

En este caso, la cadena fue en la noche del 1º de diciembre pero todo el mundo andaba en la oscuridad de la comunicación o en muchas de las grandes manifestaciones de protestas y en los caceroleos con más decibeles que se recuerden porque el dicente ya se conocía de antemano y la repulsa debía ser más grosera que nunca. Es que el hablante era el presidente de la dictadura, el creador de la misma, el teniente general Gregorio Conrado Alvarez, nada más ni nada menos que el bien conocido «Goyo», el dictador que quitada la mascarita quería hacernos creer que «el río de libertad» del acto en el Obelisco del pasado 27 de noviembre había sido un cambalache por la reunión de políticos de tantos partidos.

Todo sonaba a desolación, a nunca haberse imaginado que tantos podían decir tanto.

La Dinarp pone su granito de dinamita cuando ordena publicar los nombres de todos aquellos que estaban en el estrado. Claro, solo los que estaban en el estrado, porque publicar el nombre del medio millón de uruguayos presentes llevaría muchas, muchísimas páginas. Eso sería no solo vergonzoso, si es que algo les quedaba de vergüenza, y lapidario porque denostar o denigrar a tanto pueblo no le caía bien a nadie.

La Real Academia Española define «cambalache» como trueque, con frecuencia malicioso, de objetos de poco valor. Si lo tomó en ese sentido, no eran objetos de poco valor los políticos presentes ya que eran los más representativos, al punto que, luego, en democracia, dos ¿o tres? fueron presidente de la República, dos o más fueron vicepresidentes y muchos más legisladores.

Con el tiempo, el teniente general hablante, dejó su maquiavélica presidencia, se dedicó al pastoreo y así se jubiló. Sin gloria. Sin pena, porque en su autoevaluación llegaría a los máximos puntajes y su cotización en bolsa siempre sería muy elevada.

El tiempo fue devaluándole pero poco o nada se hizo para recordarle lo mal que se había portado. Llegó jugando a ser fuerte, bravucón, insolente, creyente que todavía podía. Hasta que ahora, en días, en el 2007, está a punto de ser procesado y preso.¡Al fin!

Si quiso jugar a tanguero discepoliano debería haber pensado, por lo menos pensado, porque pensar no cuesta mucho, que todo lo suyo era «maldad insolente».

 

Feliz diario

1948.- Nace Sergio Federico Fuica Sejas, hombre con mucho dinero en sus manos ya que es el tesorero general de la Nación.

1948.- Nace Juan Ignacio García Peluffo, economista dedicado a la macroeconomía, ex presidente del Banco de la República (BROU).

1950.- Nace Julio Fernández Santoro, compositor con tendencias suavetonas en el slow pero agitadores en los shakes.

1952.- Nace Luis Mosca, economista, subsecretario y ministro de Economía y Finanzas en el segundo gobierno de Sanguinetti.

1962.- Nace Patricia Murialdo, periodista, comunicadora que estuvo en «Hola gente», se fue a triunfar a los Estados Unidos, no le fue muy bien, volvió a Uruguay, estuvo en VTV y ya ni se sabe por donde anda.

 

Pienso, lo digo

» Un fracasado es un hombre que ha cometido un error pero que no es capaz de convertirlo en experiencia».  E. Hubrard

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