Lenguaje
Washington Abdala: -Señor presidente, apelando a deseos puros y expresión correcta, anhelo que el legislador preopinante admita, con esa exquisita sensibilidad que le caracteriza y más allá de las diferencias que nos separan en el campo exclusivamente político, que su fuerza, a la que respeto a cabalidad, ha cambiado una posición histórica en el tema que estamos considerando.
Alvaro Vega: -Señor presidente, haciendo uso del estilo sobrio y de consideración por la oposición que siempre he demostrado, aspiro a probar a mi interlocutor, cuya sabiduría y sagacidad no osaré ni un momento discutir, que si el gobierno ha cambiado ha sido porque la situación que está en análisis cambió antes.
Abdala: -Disentimos, disentimos, mi estimadísimo colega, y sería feliz si advirtiese que los hechos parecen darme la razón, ya que usted ha dicho palabras, muy dignas y bien intencionadas, claro, pero que a mi modesto juicio escapan de los hechos, lo que nos devuelve al punto de partida.
Alvaro Vega: -Admito su disenso, querido diputado, porque, ante todo, soy un demócrata, devoto de las diferencias de las que nace la luz. Simplemente, en este tema se me hace que deberíamos remitirnos a la realidad, que, si usted la analiza sin prejuicios, como le es habitual y con esa inteligencia y esa cortesía que le son propias, hallará que apoya lo que he dicho.
Abdala: -Recibo de buen grado su respuesta, pero, esperando que comprenda que sólo me estimula el deseo de construir, debo sostener mi opinión en todos sus términos. Vega: -Yo también acojo gentilmente su posición, más allá del desacuerdo que nos separa circunstancialmente, y me veo en la penosa necesidad, lo digo con pudor, de mantener la mía.
Presidente: -Bien, señores diputados, concluido vuestro espléndido debate, es tiempo de seguir con la lista de calificados oradores.
Ahí desperté…
¡Puta que lo parió! ¡Qué sueño al pedo! No puedo seguir con los ansiolíticos si cambian las fichas así…
Compartí tu opinión con toda la comunidad