DEMOGRAFIA Y POLITICA FORESTAL EN URUGUAY

"Con el ritmo actual de forestación, en 80 años nuestro país está jugado"

­¿Sobre qué bases se discutió la Ley Forestal?

­Cuando uno lee los diarios de sesiones de las Cámaras de Diputados y Senadores encuentra que en las intervenciones de los parlamentarios de todos los partidos políticos hay tres categorías: unos hablaban del Uruguay antiguo y de la forestación como una cosa buena en sí misma para sustituir el consumo de petróleo por consumo de leña de eucaliptos; algunos pensaban que esto era bueno para desarrollar la industria de las calderas.

Otros hablaban de la industria maderable, tan necesaria para la industria de la construcción; yo diría que eran los diputados con afán forestador ingenuo. Había una segunda categoría que hablaban porque estaban obligados a hablar y decían cualquier tontería de las virtudes que tiene el árbol.

Y había unos pocos que hablaban de la industria de la celulosa. Dijeron que se podría forestar 50.000 hectáreas, como una cosa impresionante.

 

­Alguien hizo el plan, ¿sabría para dónde iba?

­Quien elaboró el plan fue la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional. Está pensada para el mundo externo, no para Uruguay.

La Ley tiene principios, objetivos, aspectos relativos a las áreas a forestar. Legisla sobre las especies a forestar, excluye toda la experiencia previa de forestación de la Caja Bancaria y la Caja Notarial, e incluye incentivos fiscales y plazos. Fue un extraordinario proyecto estratégico para otros, y el poder político, con ignorancia e ingenuidad, la aprueba por unanimidad. La única objeción que hace el representante del Frente Amplio es que las exenciones le parecen un poco exageradas, porque en vez de ser el 100% debería ser sólo del 75%; esa persona es el hoy canciller de la República.

 

­En la discusión aparece la posibilidad de preservar algunas regiones.

­En la Cámara, el diputado Fuentes, del Partido Nacional por el departamento de Canelones, aboga de una manera muy contundente sobre la necesidad de restringir la forestación de eucaliptos en Colonia, San José y Canelones. Argumentaba que son tierras de excepcional productividad y que hay que preservarlas para todo lo que es la hortifruticultura. Esto es aprobado por unanimidad, pero en el tratamiento del Senado desaparece. Las argumentaciones del diputado Fuentes son hoy un testimonio histórico de un hombre que ve lo que va a pasar: el desalojo de la población, la enajenación de las tierras, el uso excesivo de las aguas.

 

­Hoy hay una realidad que el legislador no previó.

­La escala que se maneja en la Ley jamás alcanzaba las dimensiones que hoy tiene y que dentro de pocos años tendrá. Hoy tenemos cerca del millón de hectáreas forestadas para fines celulósicos, y le he escuchado decir al gerente general de ENCE que «hasta los tres millones y medio no paramos». Comparada con lo que es el área disponible para fines múltiples de producción en el Uruguay, es una cantidad muy importante.

 

¿Trabajo para cuántos?

 

­Se tiende a decir que en realidad está forestado un 5% del país, un porcentaje no tan importante.

­Esas son cifras macros. Si se mira el conjunto se puede sacar un porcentaje tolerable, pero si se toma región por región, en los departamentos de Tacuarembó, Rivera y Río Negro se ve que el paisaje aéreo satelital ha cambiado. No ha habido en Uruguay ninguna transformación previa del paisaje tan intensa y tan rápida. El desalojo de población rural que ocurre es realmente importante.

Los argumentos que decía el ex presidente de la República a favor de la forestación para fines celulósicos era que cada hectárea de eucaliptos daría mano de obra a entre 6 y 12 personas por hectárea. Si hay un millón, y esa argumentación fuera válida, habría que preguntar dónde están los seis millones de ocupados en el sector forestal, y ahí está la falsedad de la argumentación.

 

­Estamos lejos de llegar a eso.

­La ocupación de mano de obra en la industria forestal es absolutamente marginal. Porque estas forestadoras usan tecnología de capital intensivo, donde el chipeado, el corte, el descascarado y el cargado es todo automático, con máquinas de última generación que se traen exoneradas de impuesto por las propias forestadoras, y la Ley Forestal las protege. La mano de obra que se usa es marginal, zafral, no calificada y tercerizada.

Hay que ir a Pueblo Gallinal en el departamento de Paysandú, sobre la ruta 26, y ver el cantegril producto de la forestación; es tan miserable como los de Montevideo. El desalojo de la población rural tradicional es visible. Acabo de conocer personas que eran estancieros en Durazno y se instalaron con un tambo en Rodríguez, porque fueron cercados por el monte y se quedaron sin salida. Está alterada y afectada la sobrevivencia del estanciero tradicional.

 

Argumentos tramposos

 

­¿Cómo es el impacto desde el punto de vista ambiental?

­Todavía no hay conclusiones porque los implantes más antiguos apenas son del 90 para acá. Pero hay una alteración fenomenal en la avifauna; ahí no vive nadie, son desiertos verdes. No hay luz, no hay alimentos y por lo tanto las aves migratorias no tienen punto de recalado. Se rompen ciclos biológicos en forma permanente.

 

­Abajo, en la sombra ¿no vive nada?

­El silvopastoreo es una cosa muy elegante para la hora del té, porque es muy antigua, pero no es posible hacerlo en la forestación celulósica del Uruguay, porque requiere una densidad diferente, un espaciamiento mayor y una diversidad de especies para que la pastura a la sombra pueda generarse.

Cualquiera que vaya a un área forestada de la papelera de Juan Lacaze va a ver que en la proximidad de las plantas, en la densidad de la plantación, no hay pasturas.

Conozco un productor que hizo una experiencia y dijo: «Entré las vacas con 500 kilos y las saqué con 300″. En consecuencia, el argumento del silvopastoreo es válido, pero en otro modelo de forestación, no en el que se está usando. El argumento es tramposo, no se debe usar.

 

­Vamos un poquito más abajo, que es donde está el agua.

­Ya hay dos o tres documentales hechos por distintos grupos que muestran que el eucalipto es un gran tomador de aguas, profundas y superficiales. Hay demostraciones matemáticas de que cuando se ralea un monte la vertiente sube y cuando el monte crece la vertiente baja, y que cuando llueve la vertiente profunda del pozo descansa porque el eucalipto toma el agua de lluvia.

Cualquier plantador de eucaliptos sabe que alrededor se le seca el campo, se pone árido y pierde fertilidad.

 

Uruguay es una rareza

 

­¿Qué horizonte temporal tiene este impacto ambiental?

­No tiene fecha. El productor de eucaliptos para fines celulósicos tiene un horizonte secular, porque cuando estos árboles dejen de producir, cuando cumplan su ciclo biológico de 4 o 5 cortes (30 años), vendrá otro en las hileras intermedias para una nueva plantación intercalada. Es decir que un horizonte razonable es 70 u 80 años, tres generaciones en términos demográficos. Una generación, demográficamente hablando, es de 27 años. En 80 años el país está jugado.

 

­Pero el único uso en que se está pensando no es el celulósico. Se está hablando de industrias de paneles de madera o de muebles, ¿qué pasa con eso?

­Eso no es sustitutivo, es aditivo. Tres millones de hectáreas son para fines celulósicos, y todo lo que venga por añadidura es para otros propósitos. El desafío para Uruguay es la apuesta a la producción celulósica, porque además las plantas son excluyentes: van a producir materia prima exclusivamente con fines celulós
icos.

 

­¿Cuál es el impacto ambiental de cinco plantas?

­Son modelos teóricos, porque no existe otro país como Uruguay, por su latitud, su disponibilidad de agua, las características de suelo y la escasez demográfica. Por estas razones es tan atractivo para este tipo de inversiones.

Uruguay es, en el mundo, una rareza. Primero por su ubicación geográfica en la zona templada; en la latitud 30, hay muy pocos lugares como Uruguay. En segundo lugar, tiene una disponibilidad de agua dulce muy rica. Nuestras cuencas hídricas son fabulosamente ricas y las hemos maltratado desde los comienzos de la historia.

 

­El agua que los eucaliptos toman ¿se pierde?

­No sabemos si se pierde definitivamente porque no tenemos una experiencia, pero sí se afecta en lo inmediato. Si viene una sequía, un verano con escasez de precipitaciones, la gente que tiene pozos en las proximidades no tiene agua.

 

­¿Qué otros impactos produce?

­El agua que se utiliza, aunque pura, vuelve con mayor temperatura, se dice que a 22 grados. Eso afecta toda la microvida en los ríos donde se vierten. Dicen que una planta de ese tipo procesa 1 millón de litros por hora, en el sentido de que la toma y vuelve al río. San José no consume 500 mil litros por hora.

Hay un afectación en términos cuantitativos y cualitativos; todos los problemas que hay en los países de origen de estas inversoras tienen que ver más con el agua que con el suelo. Un ejemplo es Pontevedra.

Por eso nos muestran la gente bañándose, porque el agua está más calentita. Pero la exposición de la gente bañándose es de poco rato, y la vida de los peces y de todos los moluscos y batracios, las cadenas de vida en el agua dulce, se ven alteradas. No se sabe en qué magnitud ni de qué forma.

 

Un campo sin gente arriba

 

­¿Qué pasa con la gente?

­Uruguay es un país vacío, por lo que no se tiene (como conflicto social) el problema de desalojo de gente, porque el país está desalojado. Yo repito que en este país se puede comprar sin mayor sacrificio porque cualquier inversión, que en el mundo sobra, puede comprar decenas o cientos de miles de hectáreas y no tienen que desalojar a campesinos porque ya no están. La única población que crece son las periferias urbanas marginales, que son los guetos de la exclusión de un proceso muy extenso de radicalización de las diferencias entre los que tienen y los que no tienen.

Tenemos un país vacío, con gente que se va y que no quiere volver.

Nosotros pensamos que al Uruguay lo recibimos y lo tendremos para siempre, y si uno mira la historia verá la cantidad de países, comarcas y provincias que han desaparecido. Un país sin gente deja de ser un Estado… puede ser una empresa o una factoría.

 

­¿No es una visión apocalíptica?

­No soy catastrofista, si no cuidamos al país en el sentido de que pertenecemos a él y lo defendemos como tal, vendrán otros. Si usted tiene una casa y no la cuida, un día amanece y está ocupada por otros.

Siempre pongo el ejemplo de que en un país más chico que Uruguay, como es Bangladesh viven 140 millones de personas, una densidad de población de mil habitantes por kilómetros cuadrados. Nosotros tenemos apenas 3.300.000, con una cantidad importante que se quiere ir.

 

No se necesita gente

viviendo en el campo

 

­Analizar el Uruguay desde la demografía da escalofríos.

­El tema demográfico de Uruguay, a mí como demógrafo me incita al estudio, y al mismo tiempo solivianta mi ánimo, porque la pasividad, la indiferencia y la ignorancia de los dirigentes políticos al respecto es catastrófica. No es posible sostener un diálogo serio con ningún dirigente político sobre la realidad demográfica del país.

No me explico por qué es eso, si es por temor a las cifras, a la realidad, o porque si hicieran un cálculo electoral estarían modificando la ley electoral.

Este país tiene el triste privilegio de haber pasado 55 años sin levantar un censo, y no tiene ningún interés en levantar uno en lo que va de este siglo. Saber la realidad social, mostrarla y conocerla, habla de la historia decadente del Uruguay de los últimos 50 años. Cuando uno mira las cifras y las compara, nosotros tenemos un proceso retrógrado en materia de situación demográfica, y los indicadores son generalmente desfavorables. Que el lector escuche si algún político de cualquier pelo habla de la situación demográfica del país. De lo que se habla es de la preocupación de que los uruguayos se van.

 

­Hay un movimiento de aspirantes a colonos.

­Pero son superficies ínfimas. Si el Estado en una noche de revelación mágica dijera: «Me voy a convertir en comprador prioritario de tierras que se venden», y comprara 500 mil hectáreas (estamos soñando), no habría colonos, habría que traer colonos del exterior.

Pero hay mejores negocios que la colonización. No nos damos cuenta de que seguimos pensando en formas de ocupación de la tierra que están absolutamente perimidas, porque se cambió el productor agropecuario, que es una figura arcaica, por el agronegocio. La tierra es el insumo principal en el agronegocio, y para esto no se necesita gente viviendo en el campo. Para la forestación no necesito gente en el campo.

Es el campo como fábrica. Y lo mismo va a pasar con los cereales y ya pasa con la soja. En consecuencia, este modelo (el agronegocio) que se implanta y que tiene mucha publicidad en el sector empresario del Uruguay, hace que el que estorbe en el campo sea el productor propietario residente. Estamos, más atrás o más adelante que el latifundista, en el consorcio empresario transnacional. *

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