Los primeros cruceristas que llegaron al Puerto de Montevideo se hicieron notar
Ingresar al Puerto de Montevideo y ver el inmenso crucero impresionaba. Parecía una imagen tomada de una película, al igual que las personas que descendían. Pero todo era real: el lujoso barco y los pasajeros, con un look turístico (gorrito, bermudas y cámara fotográfica colgada del cuello).
El Rotterdam, uno de los cruceros más grandes que visita Montevideo durante la temporada, llegó a nuestra costa a primeras horas del día y permaneció hasta la tarde. Los turistas visitaron distintos puntos de interés de la capital y del Este del país, por iniciativa propia o en citytours. También hubo coches especialmente contratados para ir a Punta del Este.
Otros prefirieron aprovechar la visita a Montevideo para hacer compras. Las zapaterías y las casas de venta de productos de cuero fueron dos de los principales atractivos para los visitantes. Tanto en el Centro como en la Ciudad Vieja se montó un dispositivo policial para garantizar la seguridad de los viajeros.
Parrilladas para admirar
Al mediodía muchos de los turistas que llegaron a Uruguay a bordo del Rotterdam volvían a almorzar al barco. A pesar del impacto que causaron las parrilladas del Mercado del Puerto y otros puntos de la ciudad, algunos optaron por comer en el restaurante del barco algo más liviano que un buen asado uruguayo. Mientras tanto, otros se conformaron con una foto.
Mary, una simpática canadiense, dijo que a pesar de haber visto «muy poquito» de nuestro país le parecía «precioso». Si bien no probó ningún plato típico, cuando pasó frente a las parrilladas, lo que ellos conocen como «barbacues», les saqué muchas fotos porque lucen muy bien», comentó.
A Juan de Dios, un mexicano que viajaba con su esposa que siguió de largo mientras él conversaba con LA REPUBLICA, lo que más le gustó de nuestro país fue el vino. «No probé carne; sí vino de acá, y sabe muy bueno», dijo.
Uruguayos amigables
Algo a destacar es que muchos entrevistados, luego de haber permanecido pocas horas en nuestro país, opinaron que los uruguayos eran «muy amistosos» y «amables».
Arby, un yankee que bajaba entusiasmado del ómnibus que lo había llevado de excursión por los principales puntos turísticos de la capital, dijo sin vacilar: «Su país es absolutamente hermoso y con gente muy amigable».
Otro norteamericano llamado Jack, sin embargo, no se mostró muy convencido al decir que le había gustado nuestro país. Sí destacó que la gente de Buenos Aires era más amable que la de Montevideo porque a cada rato le preguntaban en la calle «si lo podían ayudar en algo». Si bien Jack viaja en crucero dos veces al año, ésta es la primera vez que visita América del Sur.
Salir de la burbuja
Pero la actividad no comenzó para todos a las siete de la mañana, cuando arribó el barco al puerto. Algunos pasajeros optaron por seguir durmiendo o continuar su rutina dentro del buque, cosa que no resulta difícil teniendo en cuenta todas las comodidades que éste puede tener en 240 metros de largo.
Mientras unos pocos pasajeros retornaban para almorzar, otros recién salían a la luz del sol a recorrer la ciudad. Un alemán con cara de recién levantado dio a entender que iba a recorrer los alrededores del puerto, aunque no manifestó demasiado entusiasmo.
Tampoco fue simpático con las promotoras que aguardaban a los viajeros en la puerta del barco con vales de descuento para comer y comprar en la ciudad.
El crucero Rotterdam volverá a visitar nuestras costas en siete oportunidades más durante el verano. De hecho, será el barco encargado de cerrar la temporada turística, el 1º de abril del próximo año. *
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