Ley que prohíbe castigos corporales a menores de edad tiene repercusiones
La iniciativa aprobada en la Cámara de Diputados recibió 48 votos en 62 y fue apoyada por frentistas y parte de los representantes colorados. La ley modifica disposiciones del Código de la Niñez y del Código Civil para dar mayor seguridad a la integridad física y emocional de los menores de edad.
El texto establece que queda prohibido a padres o responsables, así como a toda persona encargada del cuidado, tratamiento, educación o vigilancia de niños y adolescentes, utilizar el castigo físico o cualquier tipo de trato humillante como forma de corrección o disciplina. Compete al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), en coordinación con las demás instituciones del Estado y la sociedad civil, ejecutar programas de sensibilización y educación a este respecto.
Consultado sobre el tema, el sociólogo Julio Bango, director del Programa Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), dijo estar de acuerdo con la ley aprobada. «Me parece estupendo que nuestra legislación esté en consonancia con la Convención Internacional de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas», comenzó diciendo. «Los menores son sujetos de derecho al igual que los adultos. Y eso muchos no lo quieren entender. La educación es el único método para imponer disciplina y autoridad, no los golpes», agregó el jerarca.
Bango recordó su infancia y señaló que nunca recibió castigo físico. «Me mostraban la chancleta y me ponían en penitencia. No es necesario golpear a un niño para marcar los límites», destacó. Para el director de Infamilia hay muchas personas en nuestro país que justifican darles a sus hijos «un buen golpe» cada tanto, pensamiento que el jerarca considera de la «época de las cavernas». Luego manifestó que la violencia hacia los menores no tiene estrato ni raza. «Es como la violencia doméstica. No importa si viven en Pocitos o en el Cerro», concluyó.
«No se educa a los golpes»
Por su parte, el psicólogo Víctor Giorgi, presidente del INAU, dijo que esta ley implica un movimiento desde el propio Estado, y señaló que sirve para revertir un tradición cultural. «Los niños y adolescentes son personas, y no se los educa mejor golpeándolos. Hay otros caminos para que los padres puedan imponer límites y ejercer su autoridad», explicó. «Está comprobado que el castigo no es una vía para lograr la educación de los menores. Nosotros (por el INAU), que trabajamos con niños que han sufrido severas golpizas, lo podemos afirmar», añadió el jerarca.
Para Giorgi, los menores víctimas de violencia en su infancia muchas veces repiten esa conducta con sus hijos. «Es como un espejo que toman y pueden llegar a repetir y ejercer sobre sus hijos. Es muy común escuchar: ‘Cuando era chico me portaba mal y me daban una paliza’. Es un modelo que aún continúa en algunas familias y que se debe combatir», acotó.
Según la ley, compete al INAU, en coordinación con otras instituciones del Estado y la sociedad civil, ejecutar programas de sensibilización respecto al tema. Al respecto, el presidente del INAU dijo que la campaña de vacunación de «Un trato x el Buen Trato», realizada a fines de octubre y apoyada por el Estado, es una de las iniciativas. «Próximamente habrá muchas más», aseguró el jerarca.
La educación de un jerarca
En cuanto a su niñez, Giorgi dijo que fue a un colegio católico, a fines de los cincuenta, en donde los maestros aplicaban castigos físicos. Golpes, plantones, coscorrones, tirones de oreja y hasta lanzamiento de los borradores eran solamente algunos de los métodos que los maestros usaban por esos años en esos colegios, aunque no en las instituciones de enseñanza pública, aseguró el jerarca.
«Me acuerdo que cuando me cambié a la escuela pública yo me quedaba durito en mi asiento por temor a recibir castigos de los maestros. Cuando vi que todos estaban a las risas y corrían alrededor de los bancos, me di cuenta de que allí los golpes no corrían», dijo entre risas el psicólogo, quien confesó que en su adolescencia fue amenazado más de una vez por su padres, pero nunca llegó al extremo del castigo físico.
Opiniones encontradas
Karen (29), consultada por la ley, dijo no estar enterada, pero está de acuerdo con que exista. «Hay demasiada violencia en contra los menores y en la calle principalmente», señaló. A pesar de no haber recibido castigo físico por parte de sus padres en su niñez, destacó que algunas de sus amigas sí eran golpeadas por sus padres.
Por su parte, Adriana (34), que caminaba rumbo su casa junto con su pequeña hija, manifestó que tenía que haber existido la ley desde mucho antes. «A mí nunca me pegaron; me ponían en penitencia», comentó la joven madre. «A mi hija no le voy a pegar para marcar sus límites. No es una vía para imponer educación. Es un pensamiento que, lamentablemente, muchos siguen manteniendo», afirmó.
Un pensamiento que es totalmente opuesto al de Shirley (52), que justifica «un buen golpe» de vez en cuando para marcar límites. «No estoy de acuerdo con la ley. A veces no es útil sólo la penitencia», comentó.
José (47) tiene un pensamiento similar, aunque no tan drástico. «Un golpe cada tanto no está mal. Pero tampoco hay que excederse. A mi hijo, cuando era más chico, le advertía que si hacía tal cosa le iba dar un sopapo. Creo también en marcar los límites a través del diálogo», dijo José, mientras su hijo, que recordaba su infancia, se reía del testimonio de su progenitor. *
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