Abriendo
Un país pequeño, dependiente, en un mundo agresivo y rodeado de vecinos de mayor porte, no tiene más remedio que abrir…¿qué? ¿El comercio y los negocios, las puertas y las ventanas, acaso las fronteras?
La cabeza.
Sólo así sabrá dónde están los caminos más adecuados a sus posibilidades de ir dando, prudentemente, pasos necesarios hacia una economía más dinámica y rica y, por tanto, una sociedad con mayor capacidad y justicia de distribución.
Ya en 1866 los norteamericanos habían popularizado la «Polka del petróleo»: «Hay varios tipos de aceite por ahí:/ de hígado de bacalao, de ricino y mineral/ que suelen hacer bien al hombre enfermo/ y le ponen de nuevo en pie./ Pero el nuestro hace una proeza curiosa:/ basta con que se descubra un pozo/ para que la gente se vuelva loca/ con su obsesión por el petróleo».
¡Y algunos han descubierto recién ahora las razones de la planetaria hostilidad militar de Estados Unidos!
Hoy día, si uno abre la cabeza, lo primero que recibe es información de todo tipo, sin censuras. Así le está pasando a la delegación uruguaya que anda de gira, encabezada por el presidente Vázquez. Un solo ejemplo: el presidente de OSE se mostró sorprendido por el interés que Nueva Zelanda, un país desarrollado, demostró en las usinas potabilizadoras de agua, las criollas UPA. ¿Cuánto de nuestra creatividad y de nuestro trabajo tiene mercados enormes en el exterior y no lo sabemos?
Creo que estos viajes de los que participan políticos, administradores y empresarios son muy útiles. Informan y pueden modificar la orientación de las prioridades productivas, dándole más certeza a un plan general; y, sobre todo, pueden construir las nuevas relaciones comerciales que nos hacen falta.
Quién sabe si agarramos viento en la camiseta y, por ejemplo, a cambio de inversiones en energías alternativas, sin olvidar el gas ni el petróleo, colocamos por ahí a todos los plátanos de Montevideo y a los planchas del «Peluca».
¡Qué golazo! *
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