Un fotógrafo suizo convivió durante seis años con tribus indígenas del Paraguay
La Tierra sin Mal» presenta la vida cotidiana de seis poblaciones indígenas del Paraguay, y a través de 130 fotografías en blanco y negro, complementadas por música grabada en vivo por el propio artista, grafica la problemática a la que están enfrentados estos indígenas. Una problemática, según el autor, común en toda América Latina. La muestra se divide en seis capítulos, cada uno dedicado a una etnia diferente, y en ellos se evoca su realidad, su entorno y sus problemas específicos.
Luego del acto de inauguración en el que hicieron uso de la palabra el embajador de Suiza en Uruguay, Michel Coquoz, y el coordinador del Centro Municipal de Fotografía (CMDF), Diego Sosa, que resaltaron la calidad fotográfica del suizo y su valoración por los derechos humanos de la cultura indígena; el artista se tomó un tiempo para dialogar con LA REPUBLICA.
Conviviendo con indígenas
Buffe comenzó diciendo que estaba muy feliz por presentar su trabajo en nuestro país, ya que guarda buenos recuerdos y muchos amigos de cuando vivió durante 9 años en Uruguay (entre 1989 y 1998), período en el cual trabajó como fotógrafo y corresponsal de prensa para su país de origen y Francia.
«Son más de 100 fotografías en blanco y negro que evocan a través de seis capítulos los problemas de marginación y de pobreza que las diversas etnias de Paraguay enfrentan», comenzó diciendo Patrick John Buffe a LA REPUBLICA. Durante seis años el artista convivió con diferentes grupos indígenas en la zona del Chaco y en el este del Río Paraguay. A través de un amigo suyo que tenía un museo indígena en Asunción, se contacto con algunas etnias y comenzó su odisea personal. «Viví desconectado del mundo durante seis años, aunque iba y venía a Asunción. Durante mi estadía, pude comprobar realmente las malas condiciones en las que viven los indígenas. Son discriminados y marginados por el Estado que no se interesa por ellos en absoluto. Pero la discriminación no sólo se da en Paraguay, en México, en donde vivo actualmente, los indígenas son igual o más discriminados. Es un fenómeno mundial», destacó.
La máquina del tiempo
En todos esos años, el fotógrafo no tuvo problema alguno con ninguna etnia indígena para realizar su trabajo. Aunque hablaba poco y nada en guaraní, se las rebuscó para comunicarse con las distintas tribus con las que convivió. «Lo que más me sorprendió fue un ritual que pude presenciar. Parecía que me había transportado en la maquina del tiempo: impresionante», dijo.
Aunque parezca increíble, la comida no fue obstáculo para el artista, ya que se había llevado varios enlatados, y después terminó alimentándose de lo que comían los propios indígenas. «Siempre era lo mismo: arroz, fideos, arroz y fideos. Lo más complicado era el agua para tomar. Antes de beberla tenía que hervirla y ellos me miraban sorprendidos. Pero en todos esos años jamas tuve ningún problema intestinal ni de salud; se vive mejor que en la civilización», destacó el suizo, quien dijo que vivir en el Chaco, con más de 35 grados y humedad las 24 horas, fue un «verdadero infierno».
«No tienen rivales»
Para trasladarse de un grupo a otro, utilizó como medios de transporte desde un avión de la Segunda Guerra Mundial hasta cabalgó durante varios días un mismo caballo.
A pesar de que en la década de los setenta los «Ayoreo Totobiegosode» (una tribu de la zona del Chaco) tuvieron sangrientos enfrentamientos con otros grupos indígenas, en su estadía jamas presenció ninguna lucha entre las tribus. «No me pasó absolutamente nada. Son todos grupos antagónicos, pero no tienen rivales. Inclusive durante varios días no sacaba ninguna foto, porque era todo muy parecido. Ellos mismos me preguntaban sorprendidos por qué no les sacaba más fotos», recordó riendo el artista.
«Son muy inteligentes»
Todos los grupos indígenas con los que convivió no tenían ningún medio de comunicación para interiorisarse de lo que pasaba en el mundo. A pesar de ello, Buffe dice que son muy inteligentes y tienen sus propios pensamientos de lo que puede llegar a pasarle a la Tierra en el futuro. «Seguramente capaz que no saben quién sea Bush, son muy vivos, no son ningunos ignorantes. Hasta ahora el Estado no les ha dado la posibilidad de elegir entre vivir con la civilización o seguir viviendo en sus aldeas. Es fundamental respetar lo que ellos quieran, que hasta ahora ni en Paraguay y en el mundo entero han sido considerados como seres humanos», concluyó diciendo. *
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