Discapacitados hoy

Evolución del concepto de discapacidad

(Segunda parte. Extraído del libro «Discapacidad, lo que todos debemos saber»).

 

En julio de 1991 el Instituto Interamericano del Niño, de la Organización de Estados Americanos (OEA), publicó un trabajo en el que se plantea la evolución del concepto de discapacidad desde el siglo XVII, según los siguientes modelos:

 

Modelo preformista o negativista: Es el que prevalece hasta el siglo XVII. Antes de la Revolución Francesa se pensaba que las deficiencias se preformaban en el momento de la concepción o eran el resultado de designios de fuerzas divinas. Según las distintas culturas, las personas con discapacidad eran segregadas, perseguidas o institucionalizadas en forma permanente. Se practicaba la eugenesia o, en otros casos, se reverenciaba o deificaba a quienes tenían estos «estigmas».

 

Modelo predeterminado médico: Se extiende desde el siglo XVII hasta fines del siglo XIX. Se consideraba que las discapacidades tenían origen biomédico. En esa época, quienes no podrían ser curados se institucionalizaban en establecimientos donde se atendía a individuos con cualquier tipo de discapacidad. Las órdenes religiosas eran las que primordialmente se ocupaban de estas personas.

 

Modelo determinista funcional: Se extiende desde fines del siglo XIX hasta fines del decenio de 1980. Se desarrolla el criterio de rehabilitación y de educación especial.

Modelo interaccionista o estructuralista: Comienza a desarrollarse el concepto de desventaja y a enfatizarse los factores ambientales. En este período se implanta la normalización en la educación. Se reconoce el valor de la prevención para eliminar las barreras físicas y estructurales.

 

Modelo inclusivo de los derechos humanos: Se reconoce que los derechos humanos son fundamentales y se los incluye en la ejecución de programas.

 

Modelos de intervención

En 1992 se enunciaron cuatro modelos de intervención en el marco de la rehabilitación biomédica, de la discapacidad, situacional y de calidad de vida.

El modelo biomédico asume que existe una relación lineal entre la etiología, la patología y las manifestaciones de las deficiencias. Esencialmente incorpora tres variables: diagnóstico, síntomas y factores psicológicos. Este modelo no considera factores personales, las respuestas emocionales o los asuntos familiares como componentes de la sintomatología, a menos que sea clara la relación con la patología original. El foco de las intervenciones es la patología y, en segundo término, los síntomas.

A diferencia de los dos modelos anteriores, que son estáticos, el modelo situacional reconoce que las condiciones de discapacidad varían con las circunstancias y con el tiempo. Aquí se considera al individuo en el marco de un sistema abierto. Los factores determinantes son ambientales, reconocidos también como barreras estructurales y físicas. Se pone el acento en la integración de la persona al medio, la remoción de las barreras y la compatibilidad con el medio.

El modelo de la calidad de vida es importante porque incluye la percepción del funcionamiento personal y social. Su debilidad está en que no hay una unidad de criterio sobre la calidad de vida. La calidad de vida otorga prioridad a las vivencias personales, es totalmente subjetiva y refleja las experiencias de las personas con discapacidades cognitivas, emocionales o físicas, y el modo en que perciben el mundo y establecen sus objetivos personales de vida. Algunos autores piensan que el verdadero valor del criterio de calidad de vida es el cambio que experimenta la vida de todos los miembros de la familia, no sólo el de la persona con discapacidad. *

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