Free shops en el Chuy: el negocio del año
La diferencia cambiaria, favorable a los brasileños, ha acrecentado la presencia de turistas norteños en Uruguay durante los últimos veranos. Esta situación está generando en Rocha la motivación para procurar captar un público que no se sintió tradicionalmente atraído por la oferta rochense y no constituye el fuerte de visitantes durante la alta temporada.
Sin embargo, hay otro sector del departamento de Rocha que está gozando del fortalecimiento del real, y si bien registra picos zafrales, potenció sus ventas casi en forma ininterrumpida. Se trata de la cadena de free shops que se ubican en la línea divisoria entre ambos países: la ciudad de Chuy.
La resurgente actividad del free shop ha dado indicios en los últimos tiempos de que transita por un camino floreciente. La apertura de nuevos comercios en el rubro y la planificación de inversiones importantes para el futuro cercano; la modificación de horarios –algunos llegan a trabajar las 24 horas durante buena parte del año– y hasta la reciente historia de robos importantes son indicadores del buen momento. Y todo se lo deben a los brasileños.
Chuy es destino de compras para brasileños
Es Chuy uno de los más importantes pasajes de brasileños que vienen de distintos centros poblados, básicamente del estado de Rio Grande do Sul. Por tanto, representó desde siempre una detención en la frontera para hacer compras en los free shop y luego seguir hasta sus destinos en Punta del Este o Montevideo. Al aumentar notoriamente el número de brasileños en su ingreso a Uruguay, aumentó también el volumen de compradores, aunque se están dando otras modalidades.
La ciudad de Chuy se ha transformado en un destino turístico convocado especialmente por los free shop, y se registran excursiones de brasileños que vienen únicamente a practicar un turismo de compras que hace recordar las viejas excursiones a Chuy que se hacían desde distintos lugares de Uruguay para comprar en los supermercados brasileños, aprovechando los precios más bajos.
La conveniencia económica actual determina no sólo un aumento en el número de compradores, sino también en su poder adquisitivo. Llegan aquellos que demuestran tener un elevado poder económico –manejan automóviles importados último modelo–, así como también el trabajador y jubilado.
«Cuando está mal de un lado funciona el otro»
«Es lo que tiene la frontera: siempre cuando está mal un lado funciona el otro», comenta Alejandro, un comerciante uruguayo que aclara: «No sólo los free shop se benefician».
Dice que hay algunos rubros particulares que funcionan muy bien por los gustos de los brasileños, como por ejemplo derivados de lácteos uruguayos, como dulce de leche y quesos, o los vinos. Estos últimos son apreciados por cierto público pero –aunque parezca una ironía– no compiten en precio con los chilenos, que se encuentran en la frontera casi por mitad de precio.
Omar, vendedor ambulante, coincide en que hay un movimiento importante y sostenido en la frontera, pero prefiere las épocas en que la movida comercial estaba centralizada del lado brasileño. «En esa época la plata se distribuía de forma más democrática y llegaba a más gente», dijo en referencia a la posibilidad de «rebusques», además de empleos directos. El hombre de mediana edad dice que «ahora los que la hacen son los dueños de los free shops y nada más».
Varios empleados de free shops coinciden en señalar que el lugar de trabajo que ocupan, para las posibilidades laborales que hay en la frontera, es altamente codiciado. Cuenta entre otras ventajas que se trata de un trabajo limpio y con salario seguro. Además, señalan los empresarios, la actividad permite absorber un porcentaje importante de la oferta de trabajo y genera elevadas ganancias para el Estado por concepto impositivo, al punto que algunos observadores se han preguntando si no corresponde la instalación de una dependencia de la DGI en la propia frontera.
Estructuras vacías del lado brasileño
Prueba de que la frontera cambió y ahora la actividad comercial está centrada del lado uruguayo es la imagen que muestra el otro lado de la avenida Internacional.
Cuadras enteras de comercios cerrados, varios inclusos con puertas y ventanas tapiadas, evidencian que sus dueños –generalmente de origen árabe– tienen pensado el retorno si algún día el ciclo los vuelve a favorecer. Nombres como el folclórico «supermercado Cairo» ya no están más de puertas abiertas en la frontera. Y esa imagen de «comprar porque es barato», que muchos uruguayos protagonizaron en su ida al Chuy (condición que hacía que no se enojaran cuando descubrían que lo que habían comprado no les servía para nada), se da ahora con brasileños y del otro lado de la frontera.
¿En qué otro lugar es común que los reproductores de DVD sean adquiridos por grupos de a cinco o seis? ¿Dónde se ve salir empleados cargando plasmas de 29 pulgadas en vehículos aparcados con la frecuencia de un despachante de verdulería? No es de todos los días registrar señoras o señores haciendo surtidos de perfumes franceses con la misma naturalidad del que compra los enlatados para todo el mes. *
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