El origen de una fecha
Las crónicas señalan que la celebración del Día de los Difuntos se instauró el 2 de noviembre en el año 998, gracias a una gestión de san Odilon, abad del monasterio de Cluny, uno de los más grandes de la cristiandad, ubicado al sur de Francia.
Si bien el santoral adoptó la festividad, muchos países cristianos optan por celebrar el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos. Algunos adjudican esta tendencia, común en los países del hemisferio Norte, a la influencia de la cultura celta. Este pueblo celebraba cada 1 de noviembre la llegada del invierno, una jornada propicia para establecer contacto con los muertos. Dicen que el legado pagano llegó hasta el cristianismo, en una operación de sincretismo no excepcional, por cierto. Ese legado explica la celebración del día de Halloween –la víspera del Día de Todos los Santos– bajo un ropaje de mitología pagana, donde las brujas, centro de la tradición celta, ocupan un lugar preponderante.
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