Chimpancés
Caeré, otra vez, en la repetición. Las circunstancias me obligan.
Frans de Waal, etólogo holandés, escribió el libro «La política de los chimpancés». Lo hizo a partir de la observación y la acumulación de experiencias en el zoológico de Arnhem, donde hay una gran colonia de estos simios que vive al aire libre. De acuerdo al autor, el comportamiento de los chimpancés parece extraído de Maquiavelo, lo que le lleva a la conclusión de que «las raíces de la política son más antiguas que la propia humanidad».
Debo decir lo he dicho antes que de Waal comprobó que los chimpancés, al vivir en comunidad, son «políticos» y en su conducta aparecen, constantemente, asuntos como la formalización, la influencia, las coaliciones, las estrategias racionales, la estabilidad, el intercambio, los privilegios y la manipulación. Y dice, con una de esas sentencias que algunos, por aquí, deberían grabar a fuego en su frente: «La política de los chimpancés no es ‘mala’ ni ‘sucia’, sino que da coherencia a su vida democrática. El equilibrio del poder se pone a prueba todos los días y, si es demasiado débil, se cambia por uno nuevo. Por tanto, esa política es constructiva, y los humanos deberían sentirse honrados de recibir la calificación de animales políticos».
Luis Hierro López ex vicepresidente de la República propinó una ácida crítica a Pedro Bordaberry por asistir al día del «Nunca más» y haberse abrazado con el presidente Vázquez, y retó a otros correligionarios por expresar, a título personal, su solidaridad con el doctor Leonardo Costa.
No puedo evitarlo. Cuando un alto dirigente de un partido histórico aún no repuesto de un estrepitoso colapso electoral es incapaz de comprender la grandeza moral, ya no política, de esos gestos, algo pasa en mi cabeza.
Ahora ha sido invadida por dos pensamientos conmovedores: uno, ese partido, con hombres así, está frito; dos, ¿por qué no regalarle a Hierro López el libro sobre los chimpancés? *
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