Hay brujas
No creo en brujas pero que las hay las hay. Resulta que hoy ya casi nadie, por no decir nadie, discute que la Agencia Internacional de Energía (en inglés: IEA), nada menos, equivocó sus cálculos acerca de las existencias de petróleo y, por lo tanto, hasta qué fecha iba a ser «barato». IEA aseguraba que recién luego del año 2030 comenzaría a escasear y que por ende los aumentos de precio eran coyunturales.
Se trata de una ahora desprestigiada agencia internacional dependiente de la OCDE que fuera la «palabra santa», «biblia» indiscutible, para la elaboración de estrategias de energía por parte de particulares y gobiernos cómplices o incautos (entre ellos los de Uruguay).
Como cuando Jorge Batlle recomendaba en diciembre de 2001 endeudarse en dólares porque no habría devaluación.
En base a esos sacramentales «datos» éramos «refutados», sin más, todos cuantos en el mundo afirmábamos la dramática cercanía de la crisis.
Era, como se ve, un «argumento de autoridad». Basado exclusivamente en la supuesta y fácilmente otorgada de dicha fracasada IEA.
Una especie de Gran Cuento del Tío: internacional y hediondo pero muy profusamente abrillantado con espejitos y camouflado con generosas dosis de Perfumol.
En nuestro caso, desprovistos por completo de preparación para tal debate, desamparados, nos apoyábamos en asesoramientos nacionales (por lo general de ingenieros muy perseguidos, expelidos de los Entes y crónicamente desocupados por avisar, que encontramos cierta madrugada en un viejo Café de la calle Colón), estudios, ensayos, cálculos, libros y todo otro tipo de informaciones y alarmas, a cargo de personas e instituciones de todo el mundo, a veces underground, pero también muy autorizadas para debatir con la IEA que, dicho sea de paso, se mantuvo en «sus trece» ante tamaños embates: irreductible en su craso error. Impenetrable. Estólida.
Hasta heroicamente resistente: porque hace ya unos cuantos años que, derrotada evidentemente, contestaba con «argumentos» inaceptables, incoherentes, desvaídos… Como los débiles y desordenados últimos puñetazos al aire de un pugilista «groggy» antes de besar final y tan previsiblemente, la fatídica lona.
Uruguay, debido a sus «especialistas» de discurso siempre «políticamente correcto» y a sus tan pintorescos gobiernos rosados rozagantes, apostó como nadie.
Jugó a la IEA todos sus boletos. Echó «barraca». Fue «al bombo». Hoy no estamos en la lona: estamos abajo de la lona: empetrolados como pingüinos de derrame.
Eso sí: no faltarán jamás abogados para iniciarle un pleito por estafa a la OCDE. O pedir prórroga…
Nos atrasamos añares en el desarrollo de otras fuentes de energía (que algunos países iniciaron entonces hasta por las dudas).
Ahora va a costar muy caro simplemente ponernos al día y salir del pozo energético al que, invitados por el canto de sirenas bataclanas, bajamos alegremente.
Somos un tango de Discépolo.
¿Se habrá realmente equivocado la IEA?
Si un capitalista tiene un pozo petrolero, parece obvio que a sus clientes les diga que no se preocupen: que hay nafta para rato. Resulta inconcebible pensar que el dueño y vendedor de algo le diga a sus clientes que vayan buscando el sucedáneo que se vende en la otra esquina.
Una de dos: o vende el pozo casi vacío diciendo que está por la mitad a un capitalista ingenuo (contradicción lógica porque a ese nivel tal «animal» no existe), o se pone de acuerdo con los demás dueños de pozos para ocultar la verdad, aprovechar la trampa y disfrutar los precios en alza hasta que se venda, a los «otarios», la última gota.
A lo mejor todavía queda gente que cree que los pozos son de Arabia o de cualquier otro país: hace más o menos un siglo que son de muy pocas empresas. Gigantescas y colosales pero pocas. Sus correspondientes directivos reunidos caben en un cuarto de baño. Suyas son las refinerías, cadenas de distribución, cultura y gobiernos de los países clave. En especial los de la OCDE.
Es por ello que no creemos que la IEA se haya equivocado. Ni tampoco podemos creer en la «equivocación» de cuerpos gerenciales e ingenieriles de diversos Entes Autónomos y Ministerios que, ante tamaño debate público y notorio, nacional e internacional se hayan «tragado la pastilla».
No podemos creerles la ignorancia porque si la creemos debemos exigir no sólo que se vayan, sino la más inmediata demolición posible de la Facultad concomitante que los formó y en la que, encima, son «docentes».
Es menos aterrador, más suavizante, leve y moderado, más «light», uruguayo diríamos, y hasta de izquierda, creer en brujas.
Por eso decíamos al comienzo que las hay. Y si alguien duda de que las hay: las hay.
Es mucho mejor que lo que haya sea solamente eso: brujas.
Toda otra cosa sería constatar una terrible y, además, ineludible realidad. *
(*) Senador del MPP
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Frente Amplio
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