Es así. No aflojan.
Las autoridades del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, encabezadas por el activo y lacónico Bonomi, inmunes a los sacudimientos que a su alrededor amenazan el objetivo de una concertación nacional, siguen laborando persuadidas de que esa continuidad y la conmovedora paciencia que la adorna, vencerá todas las dificultades y amortiguará todos los sismos.
Ahora han enviado al Parlamento, mediante el Poder Ejecutivo, otro proyecto de ley sobre negociación colectiva, creando el Consejo Superior Tripartito como órgano de coordinación y gobernanza de las relaciones laborales.
Vaya decisión. Vaya confianza.
A fin de darle a este elogio un carácter divertido, he pensado con qué podría comparar semejante determinación.
Y, una vez más ya es una obsesión, recordé a los etólogos modernos. Ellos comparten la idea de la psicología clásica de que, al menos estadísticamente, «la forma está antes que sus partes», lo cual significa «que nuestro ego tiene conciencia primero del resultado total de algo». El ejemplo que utilizan es gracioso: tres soldados padecen de enteritis y dan cuenta al cabo, éste al sargento, el sargento al brigada y éste, buscando ya las causas, informa al teniente que se ha usado manteca en mal estado; el informe que finalmente recibe el general del coronel sólo dice que se ha castigado con arresto al jefe de cocina. Es imposible buscar ahí noticia alguna de los trastornos digestivos de los pobres soldados: está el todo, está el resultado.
Conjeturo que Bonomi, bien asesorado, nunca ha dejado de saber los hechos, y por tanto las razones, que han originado todas las idas y venidas.
Tiene conciencia de la forma pero también sabe cómo es y qué pito toca, porque se trata de hombres con intereses cada una de las partes.
Quizás esa capacidad nazca de algo que también sostienen los etólogos: aún no sabemos cuántos aparatos nervio-
sos sui generis quedan por descubrir.
Digo, por sugerir algo.
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