Terminó otro fin de semana de música, pogo, alcohol y mucha libertad

A pesar de los números, lo verdaderamente importante es que una vez más los jóvenes tuvieron un espacio propio donde expresarse y hacerse oír, más allá de la excusa encontrada, que es el rock.

La energía durante el fin de semana fue constante, al igual que la buena onda y la solidaridad. Incluso en los peores momentos, en medio de los pogos que son «a morir».

Una vez escuché la frase: «Para descargarse, nada de ir a clase de expresión corporal; un buen pogo y uno queda como nuevo». La idea sonó un tanto extraña pero muchos de los fanáticos del rock que fueron a Durazno y agitaron, a pesar del posible cansancio físico, hoy están como nuevos. Aunque con algún machucón que otro.

Impacta ver cómo sin palabras, sólo con señales y miradas, se organiza el agite. Y si uno llega más lejos de lo esperado o se cae al piso, el pogo se detiene, lo levantan y la diversión continúa. Sin duda, la idea puede no sonar tentadora para muchos lectores, pero un fanático de Trotsky Vengarán, Reytoro o Buitres considera que es una muy buena forma de pasar el tiempo.

Lo mismo ocurre cuando alguien piensa en pasar un fin de semana durmiendo en las veredas, sobre el cemento, envuelto simplemente en un sobre de dormir y tapado de barro. Pagando cinco pesos para ir al baño y desayunando vino suelto con tortafritas.

Más allá de la imagen tétrica que se le venga a la mente a alguien que nunca haya estado en un Pilsen Rock, quienes alguna vez lo vivieron recuerdan eso con una sonrisa en el rostro. En cada nuevo festival se suman anécdotas personales que se mantienen en la memoria de cada uno de los protagonistas.

Recuerdos que cobran vital importancia cada vez que se anuncia el lanzamiento de un nuevo festival de rock en Durazno, ya que en ocasiones incentivan (o alejan aún más) a otros rocanroleros a participar de un encuentro de estas dimensiones. El domingo, cuando la última banda dejó de tocar, los comentarios fueron variados: «¡Uy, cómo me duele la espalda!» «¡Qué alucinante estuvo!» «¡No nos vamos nada, que nos saquen a patadas!». «¡No puedo más, estoy viejo para esto!». Una infinidad de comentarios que por lo visto funcionan como llamador, pues por algo este año y el pasado llegaron a Durazno, en promedio, 100.000 personas, en su mayoría jóvenes

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