Tiene la palabra
Carta abierta al presidente Kirchner
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Soy una víctima de la dictadura argentina. Mi nombre es Viviana Marcela López Osornio, tengo 49 años de edad, soy escritora y desde 1979 vivo en Venezuela, cuando la dictadura me condenó al exilio y me robó mi país.
Como tenía miedo de que la dictadura se ensañara con mi madre y mis hermanas, que habían quedado en Argentina, desde entonces escribo usando el apellido de mi madre: Viviana Marcela Iriart.
A los 20 años (año 1978), simplemente por hacer uso del derecho a la libertad de expresión y oponerme públicamente a la guerra con Chile en la pequeña revista que dirigía llamada «Machu Picchu», fui perseguida por la dictadura y obligada, meses más tarde, a asilarme en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires para salvar mi vida.
Allí permanecí casi un mes «detenida», porque estar asilada es equivalente a estar «detenida», puesto que una está privada de su libertad y sin derecho, en mi caso, de recibir visitas, cartas, llamadas telefónica, ni de hacerlas.
Durante casi un mes permanecí asilada en una pequeña oficina en donde dormía en un sofá.
Gracias a las gestiones de la Embajada de Venezuela, la dictadura finalmente autorizó mi salida del país el 17 de mayo de 1979.
Gracias también a la Embajada de Venezuela la dictadura autorizó cinco minutos para despedirme de mi madre en el aeropuerto de Ezeiza, pero no a solas, sino dentro de un círculo formado por militares y personal de la Embajada de Venezuela.
Al irme salvé mi vida pero perdí todo.
Mi país, mi familia, mis amistades, mis estudios universitarios, mi ciudad, mis libros, mis discos, mi perro, mi identidad.
La dictadura me convirtió en una apátrida. Una extranjera.
La dictadura me arrancó todo, incluso la juventud y la risa.
En su lugar dejó una amnesia parcial que me recuerda, cada vez que aflora, que ella es producto de la persecución, el miedo, el asilo, el exilio. Un «regalito» de la dictadura.
Durante casi 5 años no vi a madre ni a mis hermanas, porque ellas no tenían recursos económicos para venir a verme.
Durante ese período fui una incansable luchadora contra la dictadura. A los 23 años participé en el Primer Congreso de Familiares de Detenidos-Desparecidos Latinoamericano, que se realizó en Costa Rica y luego en el Segundo Congreso, realizado en Caracas.
Si la democracia volvió a Argentina, fue gracias también a la lucha de todos los exiliados y exiliadas que sobrevivíamos a la xenofobia, la nostalgia, problemas económicos, de salud, sin dejar por ello de luchar contra la dictadura, a favor de todas las víctimas y por el regreso de la democracia.
Si el exilio no es un castigo, presidente Kirchner, si el exilio no convierte en víctimas a quienes lo padecen, dígame usted qué es.
Porque yo sé lo que sufrí desde que la dictadura tocó la puerta de mi casa en La Plata, una noche de setiembre de 1978, hasta el 30 de diciembre de 1983 cuando regresé a Argentina. El Acnur, quien me dio estatus de refugiada, también lo sabe.
Mis únicas armas fueron siempre las palabras, y por eso ahora recurro a ellas para pedirle una explicación para entender lo que está pasando.
Hoy leo con estupor en la web de Perfil que «el gobierno apeló ante la Corte Suprema una serie de fallos de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le ordenaba pagar una indemnización a perseguidos de la última dictadura…».
Yo soy una de esas perseguidas. Y si la noticia es verdad, no puedo creer que su gobierno, que tanto ha hecho por la reparación de las víctimas de la última dictadura y la condena a sus victimarios, pueda cometer semejante injusticia.
A 28 años de mi condena al exilio por parte de la dictadura, hoy me siento doblemente víctima. Víctima de aquella dictadura genocida y víctima de la decisión de la democracia.
Mientras la mayoría de los torturadores siguen en libertad, disfrutando del dinero que le robaron a sus víctimas y al país al aumentar la deuda externa, no puedo creer que hoy la democracia le siga dando la razón a ellos y me siga condenado a mí, y a miles de exiliados y exiliadas como yo, al negarme la condición de perseguida política y el beneficio de la indemnización.
Si esto no es un triunfo de la dictadura sobre nosotros, sus víctimas, dígame por favor qué es.
Le envío mi foto de cuando estaba exiliada. Quizá viendo los ojos de una víctima recapacite sobre su decisión sobre mi caso y la de los otros perseguidos, porque es muy fácil negarle la indemnización a víctimas sin rostro.
Esperando su respuesta y que se haga justicia, conmigo y con todas las personas que fuimos condenadas al exilio por la dictadura, agradezco la atención a la presente.
Atentamente,
VIVIANA MARCELA LOPEZ – OSORNIO DNI: 11.995.518 – [email protected]
Santísima Trinidad del Candombe
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Son tres mujeres las diosas que en noches de Carnaval Verán sus glorias pasar en procesión de Llamadas
Y en casa nuevo retoño que miremos desfilar
Renacerá la esperanza de ser tratados igual.
Bailar no tiene color y el cantar no es don privado
El arte es bien popular para todos prodigado
Si fueron negras las reinas que eligió nuestro Uruguay
símbolo del patrimonio del pueblo con su fervor
fue destino de tambor, de lonja y de tango estrella
y desde el Orum las bellas nos darán su bendición
Sentirlas es espontáneo. Seguirlas: una misión
Martha y Rosa de su danza contagiarán la alegría.
Lágrima; del dos por cuatro y al son del borocotó
Su ejemplar alma y su voz de militancia bravía.
¡Vivirán entre nosotros como faro que nos guía!
Cantaremos recordando los orígenes esclavos,
las cadenas humillantes de la ignominia más cruel.
Bailaremos por el sueño de un mundo sin exclusiones
donde no haya diferencias por los tonos de la piel
Lucharemos por el logro de una sociedad hermana
sin mezquinas diferencias, ¡con verdadera igualdad!
El piano, chico y repique nos llaman a trabajar
Ya está pronto el escenario en una esquina barrial
De las entrañas del pueblo nace espontáneo homenaje
a ese rey indiscutido que es el arte popular
La cultura hoy hace gala de la identidad uruguaya
reivindicando al ausente que era el componente afro.
Invisibles, ostentosos, atrevidos, misterioros…
los negros poquito a poco procuramos nuestro espacio.
Los ancestros hoy hablaron para el que sepa escuchar…
Un trío de grandes mujeres llamadas con insistencia
enseñan a valorar la unión en la diferencia.
Los gurises de esta tierra, único valor real
tienen derecho a heredar ¡un mundo sin divergencias!
SUSANA ANDRADE
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