Bolsilluda de alma

«El destino quiso que tuviera de vecino a un crack como Luis Ernesto Castro (jugaba a la «globa» en su puerta), que junto a la «Chunga», mi vieja, inyectaron en mis venas azul y blanco al rojo de la sangre. Con 10 años ya iba a la Amsterdam del Centenario. Palpitaba la alegría de un gol. Insultaba a los jueces (desde ‘cuervos’ a ‘ladrones’ pasaba por todo el diccionario futbolero). Que taparan ‘con diario’ los rivales que se revolcaban haciendo ‘bulla’.

El ‘ole ole’. ‘Dale Bolso, dale Bolso’, y retornaba afónica al rancho. A veces llorando».

Así define Rosa Luna su amor por Nacional en su libro autobiográfico «Sin tanga y sin tongo».

Cuando su cuerpo sin vida llegó desde Canadá, su ataúd se cubrió con la bandera de su cuadro, y el cortejo se detuvo en la sede de la avenida Ocho de Octubre. Como ella hubiera querido. *

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