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La memoria patrimonio

Ahí van los vecinos recorriendo museos, casas viejas y antiguos boliches.

La moda del patrimonio, como le dicen ahora. Y este viejo escribidor levanta la bandera de la memoria, su real y auténtico patrimonio. Vivencias de un longevo testigo del Montevideo de antaño. Cuando el Mariscal Nassazi entraba a La Recalada, de Agraciada y Asencio, a buscar al Canario Iriarte, el que jugaba de zapatillas, que se escapaba de las prácticas para estar con sus amigos. La coqueta playa Capurro dividida en dos partes, una para los caballeros y la otra para las damas. Suena una deliciosa melodía tocada por la Banda Municipal en la glorieta del Parque Urbano antes de que lo llamaran Rodó.

Los compadritos de La Teja en el bailongo El Aeroplano de la Plaza Lafone. Tremendas broncas en el Puerto Rico y sus peringundines «Tajos y Puñaladas» y «La Longaniza Alegre». Todas las azoteas de Agraciada llenas de curiosos que miraban la lenta y majestuosa marcha del Zeppelin, que muy silencioso y lleno de metálicos brillos volaba sobre el Palacio Legislativo. La voz del tenor José Soler en la troupe «Un real al 69″, que trillaba los más de 100 tablados de aquella ciudad de casas bajas.

El Macho Lungo presentaba en su agrupación a una escultural negrita que luego sería la Diosa Marta Gularte. En los bailes del Solís nunca faltaban las rumbas de Los Lecouna Cuban Boys. Fiestas de disfraces en el Hotel Del Prado con los cajetillas que mostraban la hilacha y aparecían vestidos como frágiles y libidinosas «princesas rusas».

En las noches de la placita Zabala muchos serios señores se encontraban con muchachos estibadores del puerto cuando el orgullo gay no existía y todo era a la sordina. El canciller Guani y el embajador Millington Drake miraban desde la escalinata del Templo Inglés cómo se hundía el Graf Spee entre explosiones que se escucharon en toda la ciudad.

En los corsos vecinales nunca faltaba Menecucho, que vendía sus versos satíricos. «En mi casa mando yo» fue el título de un radioteatro que hacían, en la Radio Nacional, Blanca Burgueño y Julio Alassio, y esa frase servía como broma para hacerle a los vecinos cuyas mujeres los cascaban. El famoso dúo brasileño Los Yacaré Paguá llenaba la fonoplatea de El Espectador del mismo modo que lo hacían Lucho Gatica y la orquesta de Washington Oreiro.

El programa radial «Las Buenas Noticias de Rausa», dirigido por Mario César, conmovía a los escuchas de Radio Carve. El genial Wimpi creaba el personaje de La Chimba, que interpretaba la actriz Chelita Linares. Todos los sábados se llenaba la cantina de Santucci y en el fondo se sentaba el compositor Fugazot. En «El Hacha» nunca faltaba Dogomar, que escuchaba las anécdotas del inefable «Ñato» Pedreira. La Orquesta de Racciatti y la voz de Carlitos Roldán interpretan el tangazo «Qué lindo tiempo aquél de ayer». La memoria es nuestro real patrimonio. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

Coordinación: ANGEL LUIS GRENE

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