Patrimonio cotidiano: cauces crecidos, familias evacuadas y caminos cortados
Desde que comenzaron las lluvias, durante el último fin de semana, el Comité Departamental de Emergencia se encontraba en estado de alerta. El volumen de agua caída el viernes, y ayer sábado, provocó el desborde de muchas cañadas y arroyos en el departamento, con el consiguiente corte de algunas rutas y caminos. En la capital departamental debieron ser evacuadas setenta personas entre niños y adultos, que esta vez fueron alojadas en el gimnasio cerrado del Club Social y Deportivo Liverpool, ya que en el estadio cerrado del Complejo Deportivo Municipal se está desarrollando un evento internacional.
Los moradores de los barrios La Cantera y Olímpico fueron los más afectados, prosiguiendo con una lógica de emergencia que no tiene, por lo menos a la vista, solución de continuidad. Cada vez que llueve mucho, las viviendas de los habitantes de las zonas mencionadas, se inundan; unas veces más, otras menos. El coordinador del Centro de Emergencia, Sergio Barboza, dijo a L A REPUBLICA que ya se le había proporcionado a los evacuados, ropa, abrigo y alimentación, y recordó que este drama «es un problema social que se repite, ya que las viviendas de los damnificados se encuentran en zonas inundables». En otras zonas del departamento se autoevacuaron varias personas, ascendiendo a un centenar la cifra de damnificados en todo Canelones.
En Paso Carrasco, Pando, Montes y Barros Blancos existía preocupación por la situación en las zonas más vulnerables a las inundaciones. En algunos lugares del interior del departamento se había interrumpido el suministro de energía por razones de seguridad. Hasta el cierre de esta edición, continuaba cortado el Paso Calleros, que comunica la Ruta 5 con la 107, y en las primeras horas de la tarde de ayer se interrumpió el tránsito en la Ruta 11, cuando las aguas sobrepasaron el puente del río Santa Lucía.
Ruido de camiones
«Siento el ruido de los camiones en la noche y ya sé que se viene brava», relató a LA REPUBLICA doña Rosa, una de las vecinas que no llegó a ser evacuada, aunque el agua se acercó hasta el escalón de su casa. Unos metros más adelante, las máquinas y camiones del municipio avanzan hasta donde pueden para que las familias puedan ser evacuadas de sus hogares y retirar algunos enseres. «La mayoría de los damnificados aguanta lo más que puede antes de salir, porque sino le roban todo», dice Rosa. A primera hora de la tarde de ayer, cuando los tímidos rayos del sol asomaron en la ciudad, la esperanza se dibujó en muchos rostros; para hoy, la Dirección Nacional de Meteorología prevé algunas lloviznas ocasionales, pero con una notoria mejoría. Tal vez al final de esta jornada, o mañana o pasado, los setenta evacuados de la ciudad de Canelones puedan comenzar a retornar a sus casas. ¿Hasta cuándo? Hasta que el patrimonio cotidiano de la comunidad vuelva a poner en escena, una vez más, la misma historia: copiosas y persistentes lluvias, caminos y rutas cortadas…y familias evacuadas. *
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