Abigail Pereira: "No querría nacer de nuevo para ser mujer"
Abigail se define como la nómade de la familia y hoy vive con sus tíos en una vivienda del complejo habitacional Juana de América. Se define como una persona de izquierda y dice que le gustaría incursionar en la política. Su condición sexual ya no es un impedimento para que se integre a una sociedad que define como «homofóbica».
-¿Cuándo decidiste presentarte al casting de «Bailando por un Sueño»?
-Siempre lo pensé y siempre me presenté a todo. Me había presentado a «Operación Triunfo», «Escalera a la fama» y «Gran Hermano». También me presenté al programa «Casting» y a «Uruguay Canta» (producción de Monte Carlo Televisión). Me presenté a todos. Siempre fui discriminada por mi condición sexual.
-¿Decís que no te elegían por tu condición de travesti?
-Sí. En el caso de «Operación Triunfo», por ejemplo, yo me quedé esperando toda la noche para ser la primera en pasar. Después que bailé, los couch se mostraron entusiasmados con mi trabajo, quedaron como locos, pero más tarde uno de los productores me dijo: «Realmente vos tenés potencial, pero vamos a solicitar a una sola persona uruguaya, y es muy fuerte que te llevemos al medio con tu condición». Lo único que le pregunté fue: «¿Tengo las condiciones para estar dentro del programa?». El me respondió: «Sí, las condiciones las tenés».
-¿A los castings te presentabas como Abigail o como Maxi?
–Mi imagen fue modificada desde muy joven. No me maquillaba ni nada, pero todas mis facetas eran de mujer, y me vestía como una. Cuando ellos me llamaban y veían mi nombre quedaban desconcertados. La última vez al «Bailando» fui con todo y me dije: «Voy a presentarme como Abigail». Me llamaron por mi nombre, Maximiliano, y cuando me vieron me dijeron: «¡No sos vos! Nos equivocamos». «No, soy yo», les dije.
Yo me presenté los dos días seguidos, uno para «Bailando por un Sueño» y el segundo «Cantando por un Sueño». Ellos quedaron sorprendidos porque las dos cosas las hacía bien y llegaron a la producción de Ideas del Sur.
-Recién hablabas de tu condición de mujer, que descubriste desde muy temprano. ¿Cómo fue esa primera etapa de tu vida?
-Yo tenía cinco años. Fue una etapa de cambios. Desde chico tenía tendencia a todo lo femenino. Los varones jugaban a los autitos y a la pelota y yo jugaba a las muñecas. Más a la adolescencia me di cuenta de que la imagen que yo quería ver en el espejo no era la de un varón y empecé a cambiar. Comencé por mis cejas, después por el pelo, que siempre lo tuve larguísimo, usaba pantalones ajustados. Eran detalles que fueron modificando mi imagen y se acercaban a la persona que yo quería ver.
Después, cuando me decidí, tenía diesiséis años. En ese momento de mi adolescencia me dije: «Se terminó. La que yo quiero ver es ésta, porque me estoy agrediendo mentalmente al ver una persona que yo no quiero ver». Ahí empezó el cambio total.
-¿Esa lucha interna la conversabas con alguien?
-Siempre me manejé yo sola con todos los cambios. En el nucleo familiar tenía una respuesta negativa. Sí podía lo conversaba con amigos, o con otra gente de afuera de mi familia. Yo creo que ellos, mi familia, quisieron sobreprotegerme. Veían que al cambiar la sociedad me agredía, y la defensa que encontraban era decir «no lo hagas», «te escondo las pinturas» o «te corto la ropa». Para ellos estaba bien, pero a mí me hacía mucho mal. En algunos momentos me tuve que esconder para ver mi imagen de mujer completa. Eso era algo que tenía que hacer sola, frente al espejo. Pero un día hice el «click» y les dije: «Bueno, me van a tener que aceptar así, y si no me quieren ver me tendré que ir».
Así me volví la nómade de la familia. Viví un poquito en cada lugar porque no me aceptaban como era, la mayor parte del tiempo estuve con mi bisabuela Petronila.
-¿Te transformaste en la nómade porque tu familia te discriminaba?
-Indudablemente, cuando vos estás realizando determinados cambios afectás fuertemente a cada persona de tu entorno. Lo que parecía agresivo para algunos para mí no lo era tanto. Yo me ponía en el lugar de ellos, pero tenía que seguir adelante. Por ahí, eso llevó a que existieran conflictos, y para evitarlos tuve que pasar como nómade durante un tiempo.
-¿Cómo era la relación con tú papá?
-No nos vemos nunca. Mis padres se separaron cuando yo era pequeña y yo me quedé con mi madre y mis tres hermanas. Entonces tampoco tuve una figura paterna que me reflejara lo que eso era. Pero tenía una madre obsesiva con el tema de la masculinidad. Me llevaba al baby fútbol; jugaba impresionante pero me gustaban las muñecas. Yo no quería ir a jugar con todos los varones al fútbol, y cuando iba no me gustaba que mi familia fuera a verme jugar.
-¿Cómo te trataban tus compañeros en la escuela?
-En la escuela para los demás niños era Xuxa. Cuando pasé de la escuela al liceo hubo otro cambio muy fuerte, porque obviamente era adolescente. Siempre recibí agresiones, pero hasta cierto punto, porque me destacaba en lo que era el estudio; me veían como la traga de la clase.
-¿Cómo te fue con los amores adolescentes? ¿Tuviste novios?
-Antes de definirme completamente como travesti no tuve ninguna pareja. Sí tuve salidas donde descubría lo sexual, pero ese era otro conflicto. Mi madre me decía: «¿Si no probás cómo te vas a definir?». Después tuve dos parejas, pero las tuve que dejar porque no se enfrentaban a la realidad que yo quería mostrar.
-¿Aparecieron muchos hombres desde que sos una persona pública?
-Sí. Pero soy muy inteligente a la hora de percibir determinadas circunstancias; siento porqué se acercan. Yo soy una persona que va paso a paso; si es una escalera larga subo escalón por escalón, no me salteo ninguno.
-¿Te considerás una persona de derecha, de izquierda o no te sentís identificada con ningún sector?
-Era militante de la 609 (Movimiento de Participación Popular). También tuve un pasaje, en un tiempo adolescente, por la 90 (Partido Socialista). Me siento una persona de izquierda. Pero los políticos se pierden y creen que si pertenecés a su partido las ideas de otro no van. Yo creo que eso no es así; creo que la construcción de un país y la generación de los cambios deben generarse con la conjunción de los tres partidos, porque la mayor oferta de opiniones pueden llevar a una mejor sociedad. No me encasillo en una cosa sola. He tratado con todos. Cuando me lancé y dije que quería estar en la política recibí propuestas de todos: de los partidos blanco, Colorado y del Frente Amplio.
-¿Crees que te llaman por tus ideas o porque vendés?
-Creo que no hay que ser hipócritas. Llaman porque se dieron cuenta de que entré en la sociedad como algo más que Abigail. Creen que puede ser importante que se acerquen. Cuando estás en un medio te sentís generador de opiniones y por ahí la gente se ve reflejada en eso. Se pueden haber acercado pensando que voy a traerles votos.
-¿Qué opinas sobre eso?
-A veces me siento impotente ante determinadas cosas. Te dicen que algunas no se pueden cambiar, pero después ves que si hay una presión desde el pueblo de un día para el otro cambian. ¿Por qué tenemos que esperar que el pueblo reaccione y se transforme en violento para poder generar espacios? ¿No habrá otros caminos que puedan abrirse antes? Puede sonar medio filosófico pero eso es lo que hace que yo tenga esas ganas de ser política: ayudar al desprotegido, al que necesita, para que la sociedad esté mejor.
-¿Te sentís orgullosa por haberle allanado el camino a otras personas que están en tu misma condición?
-Yo nunca me creé un personaje. No necesité hacer una canción, no necesité hacer nada que me mantuviera en la pupila de la gente: lo único que hice fue ser yo. Para mí, eso fue lo que se percibió, lo que hizo que dijeran: «Es auténtica». Estamos viviendo un momento en la televisión donde parece que todo es armado.
-Hasta ahora, en Uruguay no había travestis con un reconocimiento como el que has logrado. ¿Qué te genera ser la primera?
-Me genera una mochila de responsabilidad tremenda. Es motor de una motivación para que empiecen a generarse opiniones diferentes a las que hoy existen sobre los travestis. Yo no pienso que soy la única Abigail que tiene estas características: hay miles de Abigailes en otras partes de Uruguay. Empecemos a darles un lugar en la sociedad para no sentir esa homofobia permanente. Hay que abrir un poquito la cabeza.
-¿Cómo ves ahora tu vida, luego del éxito que lograste, a tu corta edad, en la vecina orilla?
-Lo miro como algo que se está realizando. Se dio ahora porque se tenía que dar y porque yo nunca bajé los brazos y seguí adelante. Golpeé ochenta mil puertas y una se abrió, pero siempre mostrando que siendo como vos querés ser no hacés mal a nadie ni querés dañar a nadie. *
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