Error
Hay un error en alguna parte, que no logro advertir con precisión, y me está volviendo loco.
Estoy al borde de imitar al tipo desconfiado que compró una heladera y quiso saber, como si preguntara acerca de la existencia de Dios, si siempre la luz interior se apaga cada vez que uno cierra la puerta. No le bastó el manual y quedó helado. Obvio, ¡si se metió adentro del aparato para hacer su propia comprobación!
Veamos. ¿El salario de los trabajadores del Estado ha sido afectado por la inflación? ¿Ha perdido capacidad adquisitiva? ¿Los datos de la economía difieren según quién los lea? ¿Hay que adelantar un ajuste? ¿Hay que aplicar la cláusula gatillo? En definitiva, ¿quién diablos tiene razón?
Los trabajadores dicen una cosa y otra los representantes del equipo económico; los unos muestran cifras y porcentajes, aluden a compromisos en los Consejos de Salarios y, ya montando en cólera, multiplican movilizaciones y protestas; los otros exhiben sus propios porcentajes y cifras, obviamente distintos, y sacuden las manos y mueven la cabeza a los lados indicando la rotundidad de su negativa.
Y yo igual a tantos que campanean de afuera- no entiendo nada.
¡Y no me vengan con aquello de Mujica de que «hacerle un paro a un gobierno de izquierda es un boleto»! Esa teoría conspirativa, expresada con vulgaridad, es una falta de respeto a los trabajadores uruguayos.
No queda más que seguir hablando, con serenidad y respeto, sin extemporaneidades, a ver si en algún momento se coincide o, por lo menos, alguien reconoce que se equivocó. Aunque sea porque como decía Fontanarrosa- «nadie es dueño de la verdad, sólo la alquila».
Insisto: hay un error en alguna parte.
Por ahora me siento en la piel del cliente que fue a una zapatería y el vendedor le quiso meter, a puro prepo, un número menor porque era el único que le quedaba. El tipo, al final, le dijo: «No insista, que en ese zapato no me hacen entrar ni los Reyes Magos, que son especialistas». *
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