Un taxista uruguayo en Ginebra
Javier: Mis padres estuvieron diez años allá en Suiza. Mi padre que había sido tachero trabajó de chofer en la Misión de Venezuela en Ginebra, y mi madre en los archivos. Me acuerdo de que cuando Tota Quinteros no podía llegar a la Comisión de Derechos Humanos porque no la dejaban, pudo acceder al edificio en un auto oficial de la Embajada de Venezuela (conducido por mi padre) para denunciar el caso de Elena.
Y después que liberaron a los tupas, cuando Sendic venía a Europa buscaba a mi padre porque le gustaba mucho hablar con él.
Siempre que venía a Ginebra quería hablar con él y pasaban horas charlando. Raúl llegaba a Ginebra y preguntaba: «¿Y Angelito dónde está? Llamen a Angelito que tengo ganas de hablar con él». Tomaban grapa juntos, los dos solos, charlando… *
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