Una visión de la izquierda

En el año 2004 expusimos una visión de la izquierda que transcribiremos a continuación (1). En próximas notas evaluaremos dicha visión en función de la realidad actual a dos años y medio del gobierno de izquierda.

Allí se expresaba: «La concepción de la izquierda que se presenta aquí busca alcanzar la igualdad por vías democráticas y pacíficas. Los programas de la izquierda ya no se centran en propuestas antioligárquicas y antiimperialistas. La propia creación del Frente Amplio en 1971, con una fuerte concepción democrática, tenía un programa antioligárquico y antiimperialista que era una forma de enfrentamiento con el enemigo. Hoy en día, los conflictos sociales y de clases existen, pero ya no se resuelven por vías autoritarias de derrota del enemigo sino a través del diálogo, acuerdos, concertación, negociación, todos instrumentos inherentes a la democracia. El salto cualitativo de la nueva izquierda, vigente en los inicios del siglo XXI, es la revalorización de la democracia como un fin en sí misma, como un estilo de vida, basada en el respeto y la tolerancia del otro, de otros valores, de otras culturas, de otras religiones. Es relevante la convivencia pacífica con el otro, que puede ser adversario pero ya no es enemigo a exterminar. La democracia pasa a ser una promesa civilizatoria y tiene un valor ético de equidad e igualdad.

La izquierda que se refleja aquí no usa la lógica de la guerra, ni una clase derrota a otra clase, ni plantea grandes cambios de propiedad, ni procesos de nacionalizaciones o estatizaciones. Es una izquierda de acuerdos sociales y políticos, de elevada participación social, de combinación de las lógicas del mercado y del Estado para enfrentar las desigualdades de clase y de género, para cubrir las necesidades básicas del conjunto de la población, para avanzar hacia la plenitud del desarrollo humano.

Los cambios en la concepción de la izquierda intentan considerar la velocidad de los avances tecnológicos, la hegemonía norteamericana en el ámbito mundial y los procesos de transnacionalización. En Uruguay se deberá encarar los procesos de fragmentación social que originan los nuevos problemas del empleo ­desocupación abierta, subempleo, precariedad, informalismo­ la desintegración social que origina el grave problema de la pobreza ­especialmente de los niños por su elevada magnitud­, la subjetividad de los uruguayos que profundiza la frustración y la desesperanza y los lleva a la emigración, después de pasar por la crisis más profunda de su historia.

La izquierda es un movimiento político que puede salvar la democracia en la medida que logre alcanzar sus objetivos de crecimiento con justicia social, de desarrollo, de atención de los derechos sociales de los ciudadanos. Un movimiento capaz de enfrentar el descreimiento en la política, en los políticos y en los partidos políticos. De acuerdo al informe del PNUD 2004, el 48% de los latinoamericanos prefiere el desarrollo económico a la democracia, y el 55% prefiere gobiernos autoritarios si son capaces de resolver los problemas económicos. ¿Qué significa democracia para los pobres?

El caso de Uruguay es distinto porque están arraigados la concepción y los principios básicos de la democracia. Pero, ¿cuánta pobreza resiste la libertad? Por eso creemos que uno de los objetivos de un gobierno de izquierda es, como en los orígenes del Frente Amplio en 1971, rescatar la democracia y consolidarla como organización social, con el ser humano como actor central, como agente responsable, autónomo y razonable para expandir los derechos civiles, políticos y sociales de los ciudadanos (PNUD 2004) (2).

En esencia, un gobierno de izquierda en Uruguay tiene como desafío central conjugar simultáneamente justicia y libertad, encontrar mecanismos para compatibilizar la actual globalización con la consolidación de la democracia, conjugar la lógica del mercado y la lógica del Estado para garantizar los derechos sociales de los ciudadanos, que es la gran carencia de las democracias de la región y del Uruguay. Es a través del propio ejercicio de la democracia que se deben alcanzar los poderes necesarios y suficientes para llevar adelante el proceso de transformaciones que permitan atender las demandas del conjunto de la sociedad uruguaya. Hay también grandes desafíos propios de Uruguay. Entre ellos, el de resolver la elevada emigración que sufre el país; se van los jóvenes, los más capacitados, los profesionales, los investigadores científicos, necesarios para enfrentar el mundo del conocimiento, el mundo de los grandes avances tecnológicos. El desafío de revertir la pobreza: uno de cada dos niños nace en hogares pobres, viven en guetos de pobres; su atención será vital para poder retomar aquel Uruguay histórico con elevada integración social. El desafío de cómo transformar al Estado, vacío de pensamiento, de reflexión y de técnicos capacitados.

Para esta nueva concepción de la izquierda, ¿qué país queremos? No hay paradigmas en el mundo internacional. Es preciso construirlo. La utopía es imprescindible; no para lograrla, sino para que nos indique el camino, la ruta, la trayectoria de la economía y la sociedad. Será un capitalismo a la uruguaya, atendiendo a la especificidad de sus valores, de su cultura, de sus elementos estructurales. En el mundo actual hay muchos capitalismos, pero son distintos los modelos capitalistas de Estados Unidos, al de Japón, o al de Alemania o al de Suecia. Tendremos que tomar los elementos que consideramos muy positivos de los distintos modelos vigentes. La justicia social del modelo sueco, el dinamismo y la capacidad de incorporación y adaptación tecnológica del sudeste asiático, los avances tecnológicos de Estados Unidos. Soñamos con un país dinámico con justicia social. Con un país que no base su inserción económica internacional exclusivamente en sus recursos naturales, sino que tenga la capacidad de incorporar los avances tecnológicos y encuentre los nichos suficientes para una inserción más dinámica en el mercado internacional. La activa integración de Uruguay al Mercosur resultará clave en esta nueva empresa.

No planteo una salida socialista, que no estuvo ni en los orígenes del Frente Amplio, ni en su evolución histórica, aunque personalmente me acerco a dicha ideología. ¿Qué sería el socialismo en Uruguay a inicios del siglo XXI? Décadas atrás, el proceso de transición del capitalismo al socialismo se concretaba en el campo económico por el pasaje del mercado a la planificación y de la propiedad privada a la propiedad estatal. Después del fracaso de la Unión Soviética, estos principios han perdido vigencia. Hoy se plantean combinaciones de mercado y Estado, y de propiedad privada y otras formas de propiedad, basadas en los avances tecnológicos en el área de la gestión. El propio proceso de transnacionalización, del cual ningún país quiere quedar aislado, influye en esta nueva realidad. La utopía es avanzar hacia la igualdad sobre la base de estas combinaciones, de compatibilizar las lógicas de mercado y de Estado y de distintas formas de propiedad. Todo ello recordando que para la izquierda el tema de la propiedad es una materia pendiente que requiere reflexión renovadora, en el plano nacional e internacional.

Los primeros meses van a ser clave para un gobierno de izquierda. Los sectores populares son su base de sustentación social, pero sus demandas económico-sociales serán muy superiores a las posibilidades de atenderlas en plazos breves. Sin embargo, el apoyo popular y del conjunto de la sociedad se volverán indispensables para enfrentar las dificultades que deja la situación actual y, en particular, para iniciar las negociaciones con Estados Unidos y con el FMI.

Es factible que se requieran medidas iniciales que marquen el rumbo, la trayectoria de futuro. Atender el problema de los derechos humanos, que requiere una ardua negociación con las Fuerzas Armadas, va a ser una de las demandas que el conjunto de la sociedad
uruguaya plantea para sellar la paz, para cicatrizar definitivamente las heridas después de pasados 30 años de los dolorosos acontecimientos de la dictadura. Enfrentar la corrupción será otro de los temas que marcarán la pauta de un gobierno donde la transparencia debe ser uno de sus principios básicos. Será preciso iniciar de inmediato el proceso de acuerdos sociales que les dé la debida participación a los distintos actores de la sociedad, e implementar nuevos procesos de participación social. Sin duda los acuerdos políticos serán de enorme importancia para alcanzar la gobernabilidad que requiere un gobierno de izquierda dispuesto a efectivizar un proceso de cambio que le devuelva la esperanza al conjunto de los uruguayos». *

(*) Senador del Espacio 609 – Frente Amplio

(1) Alberto Couriel «La izquierda y el Uruguay del futuro». Ediciones de la Banda Oriental. 2004.

(2) PNUD 2004 «La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos». Director del proyecto: Dante Caputo.

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