Traducción
Es posible que hoy, cuando la información viaja por el mundo al instante, a velocidad extraordinaria y muy sintetizada, los gobiernos deban incorporar a un funcionario que se ocupe de traducir ciertas declaraciones para evitar malos entendidos.
Hay una cuestión muy vieja que separa lo formal, o sea el estilo, del contenido. A mí siempre me interesó la esencia, o sea lo intrínseco de los asuntos o de las expresiones; admito, pues es harto evidente, que demasiada gente se deja seducir por la forma en que se dicen las cosas.
Un ejemplo. Inodoro le espeta a la Eulogia: «Usté no está gorda, usté es un bastión contra la anorexia apátrida». ¿Qué le está diciendo? A mi parecer, que es una vaquillona desproporcionada. Sin embargo, muchos no advertirán que la picardía del gaucho provoca una suerte de desplazamiento del centro del asunto, al emplear una frase que puede sonarle a la china como un elogio.
Algo parecido ha ocurrido con la respuesta uruguaya al trato recibido por compatriotas que fueron detenidos en Madrid y deportados.
Mientras el martes la Cámara de Diputados rechazó enérgicamente el comportamiento de las autoridades españolas y exigió respuestas satisfactorias, al otro día el presidente Vázquez sugirió que «no se debe dramatizar ni sacar temas del escenario público, sino estudiarlos y hallar soluciones al respecto».
Yo creo que el contenido es el mismo; varía la forma o el estilo. Es comprensible. Los legisladores, en Montevideo, con un ambiente caldeado por testimonios impresionantes, ¿qué iban a hacer sino gritarle «¡gorda de mierda!» a la «mujer» que tenían delante? Ah, pero al presidente, acotado por rígidas reglas diplomáticas y en medio de delicadísimas negociaciones de otro tenor, no le quedaba más que la de Inodoro.
El problema es que después siempre sale alguien hablando de contradicciones.
No las hay. Pero, muchachos, igual no dejen pasar la idea del traductor, así evitamos seguir discutiendo huevadas. *
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