¡Mágica, eso!
Los tipos de la corporación económico militar que gobierna Estados Unidos no son imperialistas. Son increíbles.
Por algo pusieron en la presidencia a un borracho imbécil y lograron sostenerlo dos mandatos. Ese hombre que ha dicho y hecho barbaridades de todo tipo, alimentado guiones de cine, teatro y televisión, conjugado la absurdidad en reiteración real y hasta dejado la duda de si sería un muñeco a control remoto con pilas gastadas, pero al que sólo sacarán otros norteamericanos, aquellos millones anónimos que a veces despiertan y entienden a quién están votando.
Estos tipos son tan increíbles que han probado la existencia de Dios sin recurrir a la ontología.
Como ya no saben qué hacer para quedarse en Irak y otros sitios invadidos, adonde las reservas petroleras les han llamado, resucitaron a Bin Laden. Dicen que el barbado fundamentalista a quien ellos crearon y de quien he dicho hasta el hartazgo está más muerto que Tutankhamón difundió un video y repetiría mañana, aniversario de la destrucción de las Torres Gemelas; obviamente, sería un video amenazante, aterrador. Conviene, claro. La cosa es que cuando llegue Hillary a la Casa Blanca, el miedo haya crecido de tal manera que al poder real, o sea a la corporación, le sea más sencillo mantener el statu quo.
Pero hay más.
Frances Townsend, consejera de Bush para la seguridad interior, dijo a la prensa, muy sueltilla de cuerpo: «Desde luego, es una prioridad absoluta para nosotros capturar y matar a Bin Laden, así como llevarlo a él y a los demás líderes a la Justicia».
¡A la pelotita! ¡Mandó a cagar todo! ¡A la mierda con Galileo, Newton, Einstein!
Yo le erré. No han probado la existencia de Dios. ¡Estos tipos son Dios! De otro modo, ¿cómo podrían matar a alguien y luego llevarlo a juicio?
Si detrás de todo no hubiese cosas tan serias, uno estaría tentado de decirles, como el gaucho Rodríguez del cuento de Paco le dijo al diablo: «¿Eso? Mágica, eso…».
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